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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 490

El artículo que ella misma había redactado, y que Adrián Lozano se había encargado de publicar a través de servidores extranjeros, seguía siendo de lo más comentado en internet. Lo extraño era que Adrián no había pagado para impulsar la publicación, y aún así, se mantenía en los primeros lugares de tendencias.

En esos chismes, dejaban a Valerio por los suelos, pero a él parecía importarle un comino.

¿Acaso su equipo de relaciones públicas estaba de adorno?

Pero mejor así. Que lo dejaran publicado y que todo el mundo supiera la clase de persona que era.

Mientras Erika seguía despotricando contra él, la enfermera tocó a la puerta y entró con una sonrisa:

—Señorita Milán, es hora de ponerle el suero.

Erika asintió y se acomodó en la cama.

La enfermera empezó a preparar el equipo mientras echaba un vistazo alrededor.

—¿Y su esposo? Necesitamos que alguien esté al pendiente mientras le pasamos el medicamento.

Erika soltó una risa nerviosa. Estaba a punto de aclarar: "No es mi esposo", pero la enfermera se le adelantó:

—Es un hombre encantador. Esta mañana durante la ronda médica...

Erika: «...»

¿Esa enfermera de la ronda matutina también vino a la habitación?

¿Qué iba a decirle ahora? Si lo negaba, ¿cómo explicaba que estaban durmiendo en la misma cama? Y si le seguía la corriente...

Mientras Erika intentaba salir del apuro, la enfermera no paraba de hablar:

—Quién diría que un empresario tan importante es su marido. Estuve viendo los chismes de internet sobre la fiesta y el rumor de esa tal Aurora Cruz, la que se hizo cirugías. ¡Yo digo que se referían a usted! Estuvimos comparando fotos, y la imagen de Aurora que estaba en la Clínica Renova no es ni la mitad de bonita que la mujer de la fiesta. Obvio que era usted. Debería demandarlos, es un caso de imitación torpe...

La joven enfermera no paraba de parlotear, y a Erika ya le estaba zumbando la cabeza.

Al principio pensó en desmentir los chismes, pero viendo que la chica no tenía botón de apagado, Erika optó por no decir nada y simplemente sonreír.

Como Amelia no le contestaba, Erika decidió llamarla.

Sin embargo, de la nada apareció una mano enorme que le arrebató el teléfono. Luego escuchó la voz suave de Valerio:

—Te acaban de canalizar, no te muevas.

—Devuélveme el celular —exigió Erika con tono glacial.

—La escuela organizó una actividad sorpresa para los padres y Amelia fue en tu lugar. Si prefieres, puedo ir yo para que ella regrese.

—Las actividades de la escuela siempre se avisan con tiempo. ¡No inventes que fue de sorpresa! ¡Dame mi teléfono! —le gritó Erika, sin creerle ni una sola palabra.

Valerio bloqueó el teléfono y lo dejó en los pies de la cama. Furiosa, Erika le reclamó:

—¿De verdad tienes que meterte en la vida de los demás a la fuerza?

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