En ese momento, la voz de Leonardo rompió el silencio:
—Eri, me acuerdo perfectamente de los primeros comentarios, los que tenían más interacciones. Deja que yo me encargue de esto. Estás muy ocupada con tu trabajo y con los niños. Déjamelo a mí, yo lo resuelvo.
Erika sintió que tanto él como Liliana le estaban ocultando algo, pero justo cuando iba a preguntar, Leonardo cambió de tema.
—Eri, ¿de verdad nunca has pensado en darle una oportunidad a Valerio?
Al escuchar la pregunta, Liliana también fijó su mirada en ella.
Erika hizo una pausa y respondió con suavidad:
—Ha cambiado mucho en comparación con antes. Pero yo... estoy muy bien con la vida que tengo ahora.
Lo dijo con delicadeza. No quería que supieran los verdaderos motivos de su profundo resentimiento hacia Valerio, para no hacerlos sufrir recordando todo lo que ella había padecido.
Al escucharla, Leonardo decidió no insistir más.
Se levantó despacio y dijo:
—Quédate un rato más con mamá. Tengo que volver al estudio a resolver unos asuntos. Por cierto, Eri, Valerio me contó lo que pasó ayer en el hotel. Hoy iré yo mismo a buscar a los niños al kínder. Llegaré temprano, te aseguro que su familia no se los llevará.
Erika dudó un instante, pero asintió con la cabeza.
...
Por la tarde, al regresar a su estudio, Erika seguía dándole vueltas a esos comentarios, en especial al que encabezaba la lista.
Para decir esas cosas, tenía que ser alguien que la conociera. Además, por la forma en que estaba escrito, era evidente que sabían de la existencia de sus hijos mucho antes de que el tema se hiciera viral.
Erika no lograba comprender quién querría hundirla de esa manera.
En ese momento, Amelia entró a la oficina, y Erika aprovechó para desahogarse y contarle sus sospechas.

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