Tres días después.
Adrián se marchó al extranjero.
Antes de irse, no quiso que ni Martina ni Erika lo acompañaran al aeropuerto.
Sin embargo, le envió un correo electrónico a Erika. Era un archivo bastante pesado, lleno de documentos y carpetas.
Al abrirlo, Erika se dio cuenta de que era una especie de "Guía para emigrar".
El archivo detallaba cómo realizar los trámites, consejos para elegir ciudad y vivienda, aspectos generales de la vida cotidiana y, lo más importante, los requisitos legales para establecerse allá.
Tal vez, pensó, podría llevarse primero a los niños y luego buscar la forma de cumplir con los requisitos para quedarse.
A Erika le resultó curioso. Ese día junto al lago no le había preguntado nada sobre irse al extranjero. ¿Cómo supo Adrián que ella tenía esa idea en mente?
De todas formas, esa guía le ahorró muchísimo trabajo.
Erika imprimió todos los documentos y comenzó a leer detenidamente los trámites iniciales. Tras mucho pensarlo, decidió que lo mejor era hacer un viaje rápido a Oricalco para explorar en persona algunos de los lugares que la guía recomendaba.
Con esa idea en mente, compró sus boletos de avión sin dudarlo.
Una vez confirmados, llamó a Leonardo.
—Leonardo, tengo un favor que pedirte.
Al otro lado de la línea, él le reclamó con cariño.
—Eri, ¿por qué tan formal conmigo? Sabes que dejaría cualquier cosa tirada si me necesitas.
Erika conocía de sobra el inmenso cariño que Leonardo le tenía, así que sonrió y le dijo:
—Está bien, está bien. Resulta que mañana tengo que viajar a Oricalco para asistir a una exposición de fotografía. Y no me siento muy tranquila dejando a los tres niños solos en casa con las niñeras...
Leonardo la interrumpió de inmediato.
—No digas más, me mudo a tu casa estos días. Yo los llevaré y los traeré de la escuela, puedes irte tranquila.
—Perfecto. Sabiendo que los vas a cuidar tú, me voy sin preocupaciones.
Él no mencionó que los abuelos habían sido hospitalizados ni que Yolanda había regresado a la casa de los Romero.


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