Leonardo se apresuró a sostenerle el brazo para detenerla:
—Aún estás muy débil, no puedes moverte. Hazme caso, quédate recostada.
Erika, con el rostro empapado en lágrimas, suplicó entre sollozos:
—Hermano... ahí adentro, él me dio casi todo lo que quedaba de alimento. También me sostuvo emocionalmente todo el tiempo. Si no fuera por él... yo no habría salido de allí con vida.
—Hazme caso, quédate recostada —repitió Leonardo mientras le secaba las lágrimas. Con un tono mucho más solemne, continuó—: Lo sé todo. Pero primero relájate y escúchame.
Después de asegurarse de que Erika estuviera cómoda, Leonardo les hizo un gesto a los demás para que salieran de la habitación. Entonces, le preguntó:
—Eri, después de todo lo que pasaron, ¿tú... quieres volver con él?
Antes de que Erika pudiera responder, su hermano agregó:
—Las personas cambian de perspectiva cuando atraviesan situaciones extremas. Sea cual sea tu decisión, yo te apoyaré incondicionalmente. Pero tienes que tener muy claro si lo que sientes en tu corazón en este momento es simple gratitud o si el amor ha renacido. Eso es fundamental.
Con las lágrimas aún frescas en su rostro, Erika intentó recuperar el aliento y respondió con la voz quebrada:
—Hermano... ahora mismo no tengo cabeza para pensar en eso. Solo quiero que él esté bien...
Leonardo estudió su expresión. En el fondo, intuía que Erika había vuelto a enamorarse de él. Con esa idea en mente, decidió revelarle la situación actual.


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