Cada palabra que dijo Erika llevaba una determinación inquebrantable, dejando muy en claro su postura.
Parecía que estaba aprovechando la oportunidad para descargar toda la inconformidad que llevaba dentro y demostrar su actitud tajante de deshacerse de Penélope y romper cualquier lazo con la familia Milán.
Dicho esto, Erika no dudó ni un segundo y emprendió la marcha para irse de ahí.
Aprovechando que Penélope seguía en el suelo aferrada a la pierna de Valerio, se apuró a caminar más rápido.
Tal como lo imaginó, Valerio no se pudo zafar para ir a detenerla.
Después de todo, siendo un hombre adulto frente al público, no se atrevería a patear a una mujer en el suelo.
Tras alejarse una buena distancia, Erika sintió que el forcejeo anterior la había dejado agotada.
Sumado a lo pesado que ya de por sí sentía su cuerpo, poco a poco fue disminuyendo la velocidad.
Dudó un instante, pero no pudo evitar mirar hacia atrás.
A lo lejos, Penélope seguía aferrada desesperadamente en la misma posición.
Además, por su expresión miserable y abatida, era evidente que seguía llorando a gritos y pidiendo algo; de seguro estaba suplicándole de nuevo a Valerio.
Anteriormente, Adrián había investigado el asunto y descubrió que Penélope había ido más de una vez a hacer un berrinche a la entrada del corporativo de Valerio exigiendo verlo.
Pero en todas las ocasiones, los guardias de seguridad la habían echado de inmediato.
Tal vez Penélope aún no perdía la esperanza y seguía creyendo que Valerio sacaría de apuros a la familia Milán.
De lo contrario, con el carácter conflictivo de Penélope, seguramente ya habría expuesto su relación ante los medios para armar un escándalo mayúsculo.
Mientras Erika estaba absorta en sus pensamientos, notó que Diego ya había entrado en acción.
Estiró los brazos para despegar a Penélope, y no se veía para nada delicado.
Erika quiso apartar la vista, pero por accidente se cruzó con la mirada de Valerio.
Sus ojos brillaban con una intensidad intimidante que la atravesó como una flecha, provocándole un inevitable vuelco en el corazón.
«¿Qué me ves? ¡Desgraciado! ¡Te mereces la vergüenza que estás pasando!»
Con ese insulto reflejado en sus ojos, Erika se dio la vuelta rápido, respiró profundo y siguió su camino.



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