—¡¿Quién te hizo esto?!
Preguntó Valerio con el tono más frío del mundo, mientras rozaba la piel de la cicatriz con la yema del pulgar.
El súbito y elevado volumen de su voz logró asustar por un momento a Erika.
La tibieza en los dedos del hombre le generó también una inmensa incomodidad por todo el cuerpo.
Se hizo hacia atrás como acto reflejo y entonces recordó aquel día en el que se llevó el bisturí al cuello.
Ya había pasado algo de tiempo de eso.
Ella calculó que la marca estaría ya imperceptible, por lo que había dejado de usar las mascadas de seda.
Para el colmo de su mala suerte, ¡¿lo venía a topar en plena calle solo para que se diera cuenta de eso?!
Como Erika no buscaba hacer más grandes los problemas, actuó desinteresada y comentó:
—Estaba cortando algo de fruta, quise secarme el sudor de la cara y me rasgué sin fijarme.
¿Eso bastaba de excusa?
Después de lo que ocurrió en aquella clínica, no la había buscado otra vez por su propia cuenta.
Aquello daba a entender que no estaba al tanto de los pormenores de la sala de urgencias.
Si llegaba a saberlo, tomando en cuenta su forma de ser, ¡segurito que se la llevaría al hospital otra vez amarrada si era necesario!
De todos modos, ¿a cuenta de qué se ponía él a exigirle explicaciones a gritos?
Y ya ni hablemos del corte, aunque ella estuviera bajo tierra, ¿en qué lo afectaba a él?
Al terminar de excusarse, analizó el rostro de Valerio y vio que aparentemente le había creído.
Pero un segundo más tarde, él le arrebató la bolsa sin aviso previo para examinar detenidamente la tela.
Sus ojos se tornaron gélidos. Aquello... ¡Tenía exactamente la misma forma que el adorno de aquel collar perdido!
Entonces, al no dar con la joyita de marras, ¿había ido a plasmarla con hilo en esa tela de uso diario?
¿Se trataba de la garantía amorosa de su historia con ese tal Adrián?
Llegados a este punto, ¿para qué rayos se casó con él al inicio?
Si desde hace un rato ya traía su enredo amoroso con otro tipo, ¿para qué unir sus vidas en matrimonio?
Acerca del día que le salvó la vida al abuelo, de esa actitud cariñosa que tanto le agradaba al abuelo... ¿de verdad eran solo casualidades caídas del cielo?
¿Acaso no se trataría de la sucia movida estratégica tramada entre Erika y el tipo de apellido Lozano?
¿La meta en sí era pisotear la reputación de su familia?
¿O a lo mejor el blanco final era perjudicarlo a él en persona?
¿Y qué ganaban con eso, para que ella tuviera tanta prisa por conseguir la firma del divorcio?

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