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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 94

Vanesa entendió perfectamente a qué se refería la gerente. Esbozando una sonrisa amable, la tranquilizó diciendo:

—Por su edad, me imagino que ya debe tener hijos, ¿no? ¿De verdad tendría el corazón para ver a mi hermana menor descarrilarse por culpa de otros y echar a perder su vida? Seguramente usted misma se dio cuenta de la actitud que tenía la chica tan arreglada que la acompañaba.

Vanesa proyectaba una imagen afable y pronunciaba palabras dulces, pero por dentro no paraba de bufar con desprecio hacia la gerente y su actitud de mirar de reojo el dinero a cada instante.

¡Si le importaba el dinero, solo tenía que tomarlo! ¡A quién intentaba engañar haciéndose la digna!

La gerente, después de meditarlo bastante, al final dio su brazo a torcer, aunque fingió seguir viéndolo como un conflicto:

—Ay, bueno, en ese caso, haré de cuenta que solo le estoy haciendo un favor. Pero su hermana no regresará a causarme problemas, ¿verdad? La chica que la acompañaba tenía un genio muy fuerte; si vuelven aquí a armar un escándalo, mi trabajo...

Vanesa se dio unas palmadas rápidas en el pecho interrumpiéndola, y prometió con total convicción:

—Descuide. En cuanto la lleve a casa, mi familia la mandará al extranjero enseguida. Además, si me cuenta lo que pasó, usted sería como la salvadora de nuestra familia, ¿cómo cree que la traicionaría?

Armada de puro poder de persuasión, Vanesa finalmente convenció a la codiciosa gerente.

La gerente extendió la mano, agarró los dos fajos de billetes y los guardó en un cajón.

Luego, le detalló a Vanesa con lujo de detalle cada cosa que ocurrió, y cada palabra que se dijeron durante la discusión, desde que Erika y Carla pusieron un pie en la tienda hasta el momento en que se fueron.

Tras escucharla, Vanesa bajó los brazos y apretó los puños con fiereza. Su mirada se volvió cada vez más sombría.

¡Perfecto! ¡Se habían unido para burlarse de ella!

Vanesa masculló entre dientes, hablando sola:

—¡Estas dos malditas, sabía que la cosa no era tan sencilla!

***

En la cafetería del último piso.

Carla y Erika charlaban de forma amena y casual.

—Se nota que has pasado por momentos muy duros. Pero mira las condiciones que tienes ahora en tu trabajo, tu carrera irá despegando y tu calidad de vida mejorará cada día.

—Sí, te lo juro, me voy a esforzar al máximo —respondió Carla limpiándose las lágrimas al instante, mirando a Erika con una inmensa gratitud, una gratitud que nacía desde lo más profundo de su corazón.

***

Cuando Erika volvió a casa tras ir al centro comercial, ya casi caía la tarde.

Estuvo dando vueltas por toda la casa, desesperada por recibir la llamada de Martina.

Cuando finalmente sonó, se apresuró a deslizar el dedo por la pantalla de su celular para contestar:

—Marti, ¿en dónde andas?

Desde el otro lado de la línea, la voz de Martina resonó en altavoz:

—¡Acabo de salir del aeropuerto, Eri! Adrián ya reservó el hotel. Ahorita voy a recoger el coche al estacionamiento y me lanzo para allá. ¿Crees que puedas llegar al hotel tú sola? Si todavía te sientes mal, paso por ti o le digo a Adrián que vaya a recogerte.

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