—Oye, eso de que yo te ayudé a entrar a Estudio Blanco... ¿de dónde salió esa idea?
Carla se quedó pasmada un instante. Miró a Erika fijamente y preguntó desconcertada:
—¿Cómo? Adrián, tu novio, me lo dijo. Él fue quien me consiguió el puesto en Estudio Blanco, pero me aseguró que tú lo habías organizado todo. Yo hasta le pregunté por qué querías ayudarme, y él me respondió que fue porque valoraste que fui honesta al contarte con lujo de detalle lo que pasó en el comedor aquel día. Que, además, considerabas que era muy trabajadora y tenía mucho talento.
Erika no entendía absolutamente nada. Sin embargo, estaba claro que el «Adrián» al que se refería Carla era Adrián Lozano.
¿Cómo era posible que él hubiera logrado meter a Carla a Estudio Blanco?
¡¿Y usando el nombre de Erika?! ¿Qué intención tenía al hacer algo así?
Pensándolo bien, Adrián siempre supo lo muchísimo que ella deseaba entrar a Estudio Blanco.
Si Adrián tenía esos recursos y esos contactos, ¿por qué no le echó la mano a ella cuando Estudio Blanco la rechazó?
¿Por qué, en vez de eso, prefirió recomendarla para entrar al Estudio Lumina de Luciano?
¡¿Qué diablos estaba pasando?!
Aunque el corazón de Erika estaba inundado de dudas e intriga, decidió no seguir interrogando a Carla.
Creía que lo mejor era ir a preguntárselo de frente a Adrián.
Erika fingió una epifanía, soltando una risita:
—¡Ah, claro! Qué cabeza la mía, he estado tan ocupada últimamente que se me había borrado por completo ese detalle. ¿Y qué tal te ha ido trabajando en Estudio Blanco?
Por dentro, a Erika le latía el corazón a mil por hora, mientras mantenía una plática superficial con Carla.
A medida que hablaban, volvía a sumirse en sus propios pensamientos.
***
En el piso inferior, dentro de la tienda de pijamas, la gerente estaba regañando a la vendedora que había ofendido a Erika.


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