La voz de Lorena no era alta, pero destilaba una firmeza y seguridad inquebrantables, dejando claro que no toleraría dudas.
—Si no fuiste tú, ¿entonces quién? Es evidente que el Grupo Ramírez ganó la licitación, lo que significa que Camilo perdió. ¡Él no sería tan estúpido como para sabotearse a sí mismo! Además, lo de robar los documentos solo lo sabíamos nosotros tres. ¡Si no fuiste tú, dime quién más pudo haber arruinado nuestros planes! —gritó Tania, histérica. El fuego de la rabia ardía en sus ojos, como si quisiera calcinar a Lorena en ese mismo instante.
Lorena se negó a ceder y, con la misma calma exasperante, replicó.
—Es obvio que Camilo no se iba a hundir solo. Pero tú misma lo viste: desapareció justo después de la licitación. Quién sabe, tal vez Valerio le sacó toda la información a la fuerza. ¿Por qué no lo piensas desde ese ángulo?
Un leve tono de burla tiñó las palabras de Lorena, como si se estuviera riendo de la estupidez de Tania.
—¡Lorena Jiménez! ¡Deja de inventar excusas! Si eso fuera cierto, ¿por qué Valerio habría enviado a alguien a seguirme desde mucho antes? ¿Tienes idea de los videos que vi cuando entré a su oficina? ¡Me grabaron robando los documentos! ¡Nos grabaron a Camilo y a mí juntos en todas partes! —exclamó Tania, fuera de sí, con la voz rota por los gritos.
Lorena se encogió de hombros, restándole importancia.
—Valerio siempre ha sido un hombre sumamente desconfiado. Piénsalo bien, ¿no te mostraste demasiado complaciente con él? Un hombre tan astuto como él obvio iba a sospechar que tramabas algo. Por eso mandó a investigarte. Deberías buscar la culpa en ti misma, en lugar de estar aquí lanzando mordiscos como un perro rabioso.
La mirada de Lorena rebosaba desprecio. Sus palabras fueron como puñales de hielo que se clavaron profundamente en el orgullo de Tania.
—Además, si yo lo hubiera hecho, ya me habría largado de aquí. ¿Para qué iba a volver? Estoy exhausta, me voy a dormir. Y un consejo: no te alteres tanto, que te van a salir arrugas antes de tiempo.
Dicho esto, Lorena dio media vuelta y caminó hacia las escaleras sin mirar atrás. Su figura esbelta, iluminada por las luces tenues, proyectaba un aura de absoluta frialdad.

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