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La Princesa romance Capítulo 116

Vanesa entró y, para su sorpresa, vio que Camila ya estaba sentada junto a Isaac. Tenía el cuaderno de dibujo en las manos, pero sus ojos estaban pegados a la ilustración de Isaac, como si no pudiera apartar la mirada.

—¿Quieres quedarte un rato más? —preguntó Vanesa al ver la escena, sabiendo que el viaje hasta ahí había valido la pena.

Camila negó con la cabeza. Apretaba el cuaderno contra el pecho, con una expresión de leve decepción porque no había podido terminar de ver todo lo que quería.

Isaac dejó el pincel a un lado y le revolvió el cabello a Camila. Para sorpresa de Vanesa, la niña no se apartó; al contrario, le pasó el cuaderno, confiando en él.

—Si te gusta, puedes llevártelo a casa —le ofreció Isaac, con una sonrisa.

Camila volvió a negar con la cabeza.

Irma le había dicho muchas veces que no debía tomar cosas de otros solo porque le gustaran. Lo que a ella le parecía bonito, quizá también era importante para los demás. Así que, aunque la otra persona insistiera, no siempre era de corazón. Camila no terminaba de entender del todo esas palabras, pero había prometido a Irma que no tomaría nada ajeno sin pedir permiso.

Isaac se sorprendió. Cualquier otro niño habría aceptado el regalo sin pensarlo, pero Camila, aunque se notaba que le encantaba, se negó. Miró a Vanesa buscando una explicación. Ella, tras una pausa, entendió de inmediato el tipo de educación que la familia Balderas le inculcaba a Camila.

Vanesa movió los labios, sugiriendo una idea en silencio. Isaac captó el mensaje y desvió la mirada de Camila.

—¿Cami, sabes qué es una biblioteca? —preguntó Isaac, mirándola a los ojos.

Camila asintió. Irma la había llevado antes. Recordaba ese lugar lleno de libros, donde Irma intercambiaba varios tomos con una tarjeta. Le gustaba la biblioteca.

—Puedes imaginar que aquí, conmigo, es como una biblioteca. Te llevas el libro, y la próxima semana, lo traes de vuelta y te presto uno nuevo. ¿Te gustaría?

Isaac habló despacio, con una paciencia que parecía infinita. Vanesa, aunque ya lo conocía, seguía pensando que era increíble su manera de tratar a los niños.

Ella solo tenía experiencia con dos: Elías y Camila, y no podían ser más diferentes. Sus personalidades chocaban, y comunicarse con ellos no siempre era fácil. Sin embargo, Isaac tenía paciencia de sobra con ambos, aunque en lo social pareciera no soportar a nadie.

Camila miró a Vanesa, buscando aprobación.

Capítulo 116 1

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