Entrar Via

La Princesa romance Capítulo 488

—Tía, mi hermana no para de llorar —dijo Esteban, que aunque siempre intentaba ser un niño responsable, al final seguía siendo solo un niño. Miró a la vecina con una mezcla de miedo y desesperación, y hasta la voz le temblaba.

La vecina levantó a la bebé, le acarició la cabeza y frunció el ceño.

—¿Por qué está tan caliente? Esteban, corre y llama a tus papás, yo me llevo a tu hermana al hospital. Si sigue con esa fiebre, se puede dañar el cerebro.

En medio del caos, Esteban salió corriendo hacia la esquina, metió una moneda de peso en el teléfono público y, de lo nervioso que estaba, marcó mal varias veces.

Intentó llamar a Matías, pero nadie contestó. Luego marcó el número de Yolanda, y tampoco obtuvo respuesta.

Apretó los dientes, dejó el teléfono y volvió corriendo al departamento. Buscó entre las cosas el dinero que Yolanda le había dejado para la semana y salió disparado rumbo al hospital.

Anduvo de un lado para otro, perdido como un pollito sin mamá, hasta que una enfermera lo detuvo y lo llevó a la sala de pediatría, donde por fin encontró a la vecina y a su hermana.

La bebé dormía tranquila en brazos de la vecina, con un parche frío en la frente y las mejillas sonrojadas. Todavía tenía algunas lágrimas en las pestañas, lo que le daba un aire de fragilidad que enternecía a cualquiera.

—Tía, mis papás no contestan. Aquí tiene el dinero, úselo para lo que se necesite. Cuando ellos regresen, yo se lo pago.

La vecina vio el billete arrugado en la mano sudorosa de Esteban y se lo regresó.

—Guárdalo, cuando tus papás vuelvan, me lo das. Tu hermana se resfrió y eso le provocó la fiebre. Ya le pusieron una inyección, ahora solo hay que esperar a que le baje la temperatura. El clima está muy fresco, así que en las noches ponle más ropa. Y tú también cuídate para que no te enfermes.

Esteban apretó el dinero arrugado y asintió.

—Gracias —susurró bajito, pero con la determinación de todo un hombrecito.

La vecina lo miró con ternura. Notó que la chamarra que traía ya estaba deslavada y tenía parches en los codos. Aun así, prefirió no decir nada más.

Después de ese día, aparecieron dos libros de crianza en el departamento.

...

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa