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La Princesa romance Capítulo 168

El carro se detuvo justo frente a la puerta. David bajó primero y abrió la puerta del copiloto para que Vanesa saliera.

En el jardín, Elías le mostraba a Camila las habilidades de Trueno, el perro de la casa, y el ambiente era tan tranquilo que parecía una postal familiar. Isaac, por su parte, estaba sentado en una banca de piedra, observando cómo los dos niños y el perro se divertían.

Apenas sintieron el ruido del carro, los tres y Trueno voltearon la cabeza al mismo tiempo. Fue Elías, con su vista de águila, quien reconoció primero la silueta de Vanesa.

—¡Vanesa! —gritó Elías y salió corriendo hacia ella, con Camila y Trueno siguiéndolo de cerca. Isaac, que iba detrás, les pidió que no corrieran tan rápido, pero ninguno le hizo caso.

Cuando Isaac, el último en llegar, vio a David, se quedó quieto un segundo, sorprendido. Sin embargo, al instante asintió con la cabeza, saludándolo de manera cortés. David respondió igual, pero se acercó a Vanesa, marcando territorio de forma evidente.

Isaac notó de inmediato la chaqueta que Vanesa llevaba puesta. Hizo una mueca, apartó la mirada, tratando de ocultar lo que sentía.

—¿Ya comieron? —preguntó Vanesa, enfocando su atención en los niños. Les puso la mano sobre la cabeza a ambos, como si quisiera repartir cariño por igual.

—¡Sí! —contestó Elías con entusiasmo, mientras Camila asentía en silencio.

—Perdón por venir tan tarde a buscarlos, ¿no te causamos problemas, Isaac? —dijo Vanesa, sin mostrarse superior por ser adulta. Si tenía que disculparse o felicitar a alguien, lo hacía sin reservas.

—¡Por supuesto que no! Pero como recompensa y para que no te sientas mal, ¿nos llevas al parque de diversiones la próxima vez? —reviró Elías, demostrando que, aunque era pequeño, la familia Montemayor sabía educar negociadores de primera.

—¿Al parque de diversiones? —Vanesa se sorprendió un poco.

Los ojos de Elías se iluminaron de esperanza, aunque no era que nunca hubiera ido antes. De hecho, había ido dos veces. La primera fue a escondidas, y aunque había mucha gente y niños de su edad, ver a otros con sus papás le dejó una sensación extraña, como si algo le faltara. La segunda vez, rentó el parque solo para él, pensando que sería divertido, pero a la hora apenas aguantó y se regresó a casa.

Vanesa asintió y se volvió hacia Camila.

—¿Tú quieres ir?

Camila bajó la mirada y jugó con sus manos, pero al final asintió. A diferencia de Elías, que pudo ir aunque fuera solo, Camila nunca había pisado un parque de diversiones.

—¿Y si hacemos un trato? —Vanesa se agachó a nivel de Camila.

Capítulo 168 1

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