Sin darse cuenta, ya había llegado la época de los exámenes finales. El ambiente de las fiestas de fin de año empezaba a sentirse cada vez más fuerte en las calles, y los estudiantes, tras terminar sus exámenes, salían del edificio de aulas en pequeños grupos, conversando y riendo.
Después de tanto tiempo lidiando con gente astuta y experimentada en el mundo de los negocios, David y Vanesa caminaban juntos por el campus, disfrutando al fin de un respiro. El entorno universitario, los árboles, los bancos y los grupos de amigos charlando, les daban una sensación de tranquilidad que parecía de otro mundo.
A su alrededor, los compañeros discutían a dónde ir después de los exámenes, algunos revisaban respuestas, todos metidos en la rutina más común del mundo. Sin embargo, para ellos, esa cotidianidad tenía un aire irreal, como si hubieran regresado de un largo viaje y apenas reconocieran la normalidad.
—¡Vane! —Estrella apareció de pronto detrás de ellos, con Yago siguiéndola de cerca.
—Estrella.
—David. —Yago le dio una palmada en el hombro, sin añadir nada más.
David le sonrió.
—¿Cómo te fue en el examen?
—Creo que esta vez no me van a quitar el dinero para mis salidas —respondió Yago, despreocupado como siempre.
Yago seguía siendo el mismo de siempre, sin preocupaciones.
—¿Ya se van a casa? ¿No quieren ir a comer algo juntos?
Vanesa y David negaron con la cabeza al unísono. Irma ya les había llamado desde antes, pidiéndoles que se fueran directo a casa después del examen para comer juntos.
—La próxima vez yo también quiero probar la comida de tu mamá —comentó Estrella, dejando ver un poco de envidia.
—Ah, por cierto, no olviden lo de mañana. ¿Te paso a buscar? —preguntó Estrella.
—Asegúrate de traer un carro esta vez —bromeó Vanesa.
—Obvio —contestó Estrella, haciéndose la ofendida.
David despeinó cariñosamente a Vanesa y, tras despedirse de sus amigos, ambos salieron del campus.
Yago y Estrella los observaron alejarse, caminando tan cerca que parecía que nada podría separarlos. Por dentro, ambos sintieron una punzada extraña, pero sabían que como amigos, había cosas que simplemente no podían cambiar.
—Por suerte, David tiene a Vane a su lado —murmuró Yago.
Estrella apretó los labios.
—Bueno, yo ya me voy. Nos vemos el próximo semestre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Princesa