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La Princesa romance Capítulo 341

—En pleno día y ya vienes así de tomada—. Vanesa frunció el ceño, pero de todos modos sostuvo a Estrella y la ayudó a sentarse en el sillón cercano.

—Intenté detenerla, pero fue inútil—. Sabrina soltó un suspiro resignado.

—¿Y cómo va lo del evento?—. Al parecer, Sabrina ya estaba enterada de todo.

—Ya lo solucioné—, respondió Vanesa, sin darle muchas vueltas al asunto.

—Ahorita todo el círculo anda hablando de eso, la familia Encinas quedó en ridículo y seguro se van a calmar por un tiempo. Además, varios andan preguntando por tu hermano, quieren conseguir más de sus cuadros. Hasta a mí me han buscado para averiguar algo.

—Déjalos, no pienso hacerles caso—. Vanesa nunca se preocupó por ese dinero, y los Balderas tampoco iban a estar vendiendo las pinturas de Camila como si fueran cualquier mercancía.

—¡Vean cómo estoy y ustedes ni una palabra de consuelo me dan!—. En cuanto se le pasó el mareo, Estrella se enderezó en el sillón, luciendo más ofendida que nunca.

Las otras dos se miraron y compartieron una sonrisa cansada, negando con la cabeza al mismo tiempo.

Al día siguiente de que David le confesó sus sentimientos a Vanesa, Ismael, sin querer quedarse atrás, llevó a Estrella a ver una carrera de F1. Aprovechó el mejor momento para declararse y, claro, se ganó el corazón de la chica.

Al principio, cuando recién andaban, ni diez parejas como David y Vanesa se comparaban con lo pegajosos que eran ellos dos. Pero, para sorpresa de todos, no había pasado ni un mes cuando empezaron con sus peleas constantes, cada dos por tres amenazando con terminar, y al día siguiente otra vez estaban más juntos que nunca.

Eso sí, cada pleito terminaba por arrastrar a los amigos. Ya era costumbre que los llamaran para escuchar el drama de su relación, como si fueran los terapeutas de turno.

—¿Y ahora por qué pelearon?—. Vanesa le acercó un vaso de agua.

Estrella no se hizo de rogar y lo tomó sin chistar.

—Tengo vacaciones y él ni siquiera quiso salir conmigo, prefirió irse a pescar con mi papá—. Estrella levantó la voz, señalándose a sí misma, como si no pudiera creerlo.

—¿De verdad dejó plantada a su novia para irse con mi papá? ¿Por qué mejor no se casa con él de una vez?—

Las razones por las que estos dos discutían nunca dejaban de sorprenderlas. Pero esto sí era insólito.

Ismael se acercó rápido, mientras Estrella volteaba la cara, dejando ver su disgusto.

Vanesa y Sabrina se miraron de reojo y levantaron las cejas, listas para disfrutar el espectáculo.

—Ay, mi reina, ya sé que la regué. Pero tú misma dijiste que tenías planes el fin de semana, por eso invité a tu papá a pescar. Te avisé antes, ¿o no?—

—¿Y yo qué sabía que mis amigas iban a salir todas al mismo tiempo?—. Estrella infló las mejillas, pero su voz ya no sonaba tan enojada.

—Si hubiera sido otra persona, lo hubiera cancelado sin problema, pero con tu papá no es tan fácil. Ándale, perdóname esta vez, ¿sí?—. Ismael le jaló suavemente la manga, casi suplicando.

—Bueno, pero la próxima vez yo tengo que ser tu prioridad—, cedió ella, aunque todavía con gesto ofendido.

—No va a haber próxima vez. Te lo juro, no va a pasar otra vez—. Ismael respondió en un segundo, con un tono que mezclaba urgencia y un poco de resignación.

Vanesa y Sabrina ya estaban acostumbradas a ese show. No importaba quién se enojara primero, en cuanto uno cedía, el otro bajaba la guardia de inmediato. Mientras otras parejas se distanciaban con cada discusión, estos dos solo terminaban más pegados, y de paso hacían que sus amigas terminaran empalagadas con tanto amor.

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