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La Princesa romance Capítulo 343

—Voy a llamar a seguridad —dijo Sabrina apenas asomó la cabeza, notando de inmediato que adentro había un caos total.

—Está bien, yo me adelanto.

—Pero ten cuidado, ¿sí? —Sabrina no podía evitar preocuparse.

—No te preocupes —Vanesa le dio una palmada en el hombro y salió corriendo hacia donde había visto a los reporteros irse. Sabrina tampoco se quedó de brazos cruzados y fue directo a la recepción en busca de ayuda.

Cuando Vanesa llegó, vio una multitud haciendo un círculo apretado, los flashes de las cámaras parpadeando sin parar, encandilando a cualquiera. No solo estaban los periodistas, también varios pacientes habían salido de sus cuartos para ver el espectáculo, bloqueando por completo el pasillo.

Un par de enfermeras intentaban poner orden, pero sus esfuerzos no servían de mucho; ni siquiera podían acercarse al centro del tumulto.

Vanesa no perdió tiempo y comenzó a abrirse paso entre la multitud, aprovechando su agilidad para colarse entre los cuerpos apretados.

—Ya se los expliqué, si en ese momento no hubiera hecho la resucitación, la señora no habría sobrevivido —la voz de Federico sonaba cansada, pero seguía intentando razonar con la pareja de aspecto humilde frente a él—. Los huesos de las personas mayores son más frágiles, pero en una emergencia, lo primero es salvar la vida.

—Eso a mí no me importa —el hombre lo interrumpió, señalándolo con el dedo mientras escupía saliva de lo alterado que estaba—. De todas formas, tú le rompiste las costillas a mi mamá, así que tú pagas el hospital, y también el daño moral, los días de trabajo perdidos y el sueldo de la persona que la cuide. ¡No te vas a librar de nada!

Federico arrugó la frente, retrocediendo un paso ante la agresividad del tipo.

—¡Eh, eh, eh! ¿Te vas a ir o qué? ¡Qué descaro! Hiciste un desastre y ahora te quieres largar, mi mamá sigue en la cama y nosotros con hijos y con la abuela a cuestas, ¿por qué nos tenía que pasar esto?

El movimiento de Federico hizo que la mujer pensara que planeaba escapar. Sin pensarlo, se dejó caer al suelo y empezó a llorar a gritos, dándose golpes en los muslos y lamentándose de su vida tan sufrida y difícil.

Federico se quedó parado, con la cara tensa, sin saber qué decir. El hombre seguía insultándolo, la mujer berreaba en el piso y el público alrededor no perdía detalle, algunos grabando con el celular, otros murmurando. El ambiente era un desastre.

Federico apretó los labios y se mantuvo en silencio, mirando la escena como si fuera una mala obra de teatro.

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