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La Princesa romance Capítulo 452

Verla alcanzar su propia felicidad, mientras él también avanzaba hacia sus sueños, sin que ninguno de los dos interfiriera en el camino del otro, eso era el mejor final posible.

Su voz rebosaba ternura, ocultando todos sus pensamientos. En ese instante, él solo era un testigo silencioso de su dicha, y con los medios a su alcance, le enviaba sus mejores deseos.

La boda por fin terminó. Estrella logró ese momento soñado: sostener en una mano el acta de matrimonio y en la otra el título de graduación, con la alegría desbordando en su rostro.

Por su parte, después de la ceremonia de graduación, todos decidieron quedarse un poco más, excepto Cintia.

Al momento de la despedida en el aeropuerto, Cintia lloró como si se le fuera la vida, y prometieron que al año siguiente volverían a reunirse todas.

...

Tras esto, Vanesa se unió al equipo de la universidad y viajó a un pequeño pueblo alejado para trabajar como maestra auxiliar.

Aurelio y los demás se notaban preocupados, pero respetaron la decisión de Vanesa. Preparó una maleta de veinticuatro pulgadas que parecía contener media casa y, antes de irse, le metieron a escondidas un fajo de billetes, temiendo que en ese lugar el banco no le funcionara.

El día del viaje, muchos querían acompañarla al aeropuerto, pero Vanesa pensó que sería demasiado llamativo y prefirió que no. Tras una comida de despedida con sus amigos, David fue quien la llevó en carro hasta el aeropuerto.

Justo antes de separarse, David no disimuló su tristeza. Le tomó la mano y no quería soltarla.

Vanesa soltó un suspiro.

—Son solo tres meses, rapidito regreso.

—Tres meses... eso ya es casi medio año. Y ni siquiera quieres que te acompañe —reviró David, con el tono lleno de reproche y algo de tristeza.

—El Grupo Lobos tiene mil pendientes, y allá ni señal hay. Si se complica la comunicación, vas a estar de aquí para allá y va a ser más lío. Te prometo que regreso pronto, ¿sí? Pórtate bien, ¿va?

Vanesa le habló con una dulzura que solo se tiene para los niños. Le tomó la cara entre las manos y le dio un beso.

Pero a David eso no le bastó. La sujetó por detrás de la cabeza y, travieso, le mordió suavemente el labio en la despedida.

Vanesa soltó un —¡ay!— y, en venganza, le despeinó el cabello a propósito.

En esta ocasión, se iba a una comunidad rural para trabajar como maestra de apoyo por un semestre. El tema le llamaba la atención, así que quería experimentarlo de cerca; tal vez, en el futuro, podría expandir ese tipo de proyectos y hacer que la ayuda llegara realmente a los niños que la necesitaban.

Aunque le dolía dejarlo, sabía que David terminaría aceptándolo.

Como decía Sabrina:

[A veces hasta pienso que ni te gusta David. Mira a Estrella e Ismael, ellos sí están todo el día pegados.]

Vanesa solo respondía:

—Es por lo mucho que lo quiero, por eso quiero caminar a su lado. El amor nunca debería frenar a nadie; al contrario, por el apoyo de la persona que amas, te atreves a perseguir lo que sueñas.

...

El avión despegó sin contratiempos. David, desde el aeropuerto, miró el cielo y dejó escapar un largo suspiro.

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