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La Princesa romance Capítulo 454

El líder del pueblo les dio unas palmadas suaves en la nuca a dos niños más grandecitos que estaban a su lado. Los dos, entendidos, no necesitaron que les dijera nada más y tomaron en silencio las maletas de las demás chicas.

No dijeron palabra, pero al recibir las maletas, se limpiaron las manos una y otra vez en la ropa, como si quisieran demostrar que estaban limpias, esperando que las chicas no los vieran mal. Aquello enternecía, haciendo que a más de una se le hiciera un nudo en la garganta.

Ellas, por educación, no querían que los niños les cargaran las cosas, pero al verlos así, temían que los chiquillos malinterpretaran el gesto y se sintieran rechazados.

Al final, todos ahí eran personas nobles, de corazón amable, que habían decidido venir hasta ese rincón alejado del mundo por pura voluntad.

Ambos grupos se sentían un poco incómodos, sin saber muy bien cómo actuar.

El líder del pueblo lo notó y movió la mano, quitándole importancia.

—Déjenlos ayudar, estos niños crecieron jalando cosas pesadas, capaz y hasta tienen más fuerza que esos tres grandulones.

—Pues llegando allá, a ver si es cierto, nos echamos un pulso para que vean quién es el más fuerte —dijo uno de los chicos, dando una palmada en su propio brazo, que estaba bien marcado de músculo.

—Ay, ya deja tus tonterías —le respondió una chica, dándole un golpecito juguetón—. Mira nada más, grandote y todavía compitiendo con críos de siete u ocho años.

La manera en que platicaban dejaba claro que su relación iba más allá de simples compañeros.

—Ya tengo doce años —intervino el niño más grande, hablando con un español sorprendentemente claro en comparación con los demás.

—¿Doce años? —la chica arqueó las cejas, incrédula.

El líder del pueblo asintió.

—La mayoría de sus papás andan trabajando fuera y los niños viven aquí con los abuelos. Ustedes ya se darán cuenta cómo está el asunto en el pueblo, conseguir buena comida no siempre es fácil, pero últimamente las cosas han mejorado bastante. El gobierno nos ha echado la mano, pusieron escritorio nuevo en la escuela, hasta un comedor nos construyeron. Lo que pasa es que los niños, pues, antes no recibían buena alimentación, pero con más cuidados seguro que crecen bien grandotes.

—¡Eso, eso! ¡Hasta tenemos cancha de básquet en la escuela! Todos jugamos, y el maestro Cervera nos dice que así vamos a crecer más.

—¡Yo hasta puedo tirar de tres puntos! —presumió otro niño.

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