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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 105

—¡Dios mío! ¿Esa no es el señor Lozano y su hermanastra?

Un grito estalló y de inmediato todo el salón se llenó de murmullos.

—Mira el collar que lleva la hermanastra, ¿no es el mismo que tiene ahora el señor Lozano en la mano?

—No es solo el collar, fíjate en el vestido que lleva esa chica esta noche, tiene el mismo diseño que el forro del saco de él. ¿No parece que fueran pareja?

—Hacer esto en el aniversario de bodas... De plano, ¿no tienen vergüenza? ¡Qué falta de respeto para la señora Lozano!

El sonido de los celulares tomando fotos se volvió ensordecedor.

Marisol se quedó completamente paralizada.

Jamás imaginó que Cristina sería capaz de destruir así su reputación.

¿Acaso ya ni le importaba el nombre de la familia Lozano?

—¡Clac!

El collar de diamantes cayó al suelo, haciendo un sonido tan nítido que a todos les quedó grabado en la memoria.

Octavio sintió como si lo hubieran electrocutado. Miró la pantalla con la boca abierta y luego volvió la vista hacia Cristina, descompuesto.

—¿Le gustó mi regalo, señor Lozano?

Cristina sonrió con una calma desconcertante.

Después de tantos días aguantando, por fin tenía en las manos un arma capaz de herirlo donde más le dolía.

Al fin, él también probaría lo que era que le hicieran pedazos el corazón.

—¡Cristina! —exclamó Octavio, con las manos temblorosas y los puños apretados.

—Hermana, no es lo que parece —intentó defenderse Marisol—. Eso fue cuando estuvimos en Olvalle, íbamos a una fiesta importante y no tenía accesorios, así que tomé prestado tu collar. Si te molestó, te pido perdón.

Cristina le dedicó una sonrisa tranquila.

—¿Ah, en Olvalle? Qué curioso, porque la última vez que surgió un escándalo de Octavio con una mujer misteriosa entrando y saliendo de una casa fue justo en Olvalle.

Mientras hablaba, en la pantalla principal del salón aparecieron, como por arte de magia, las fotos del escándalo que antes habían logrado ocultar. El murmullo entre los invitados creció todavía más.

Octavio le lanzó una mirada a Marco, quien salió corriendo para controlar la pantalla, solo para descubrir que ya no había nadie en la computadora.

—Hermana, entre mi hermano y yo no hay nada. Él solo me trata bien por costumbre, pero nunca quiso hacerte daño. Si alguien tiene la culpa soy yo, no lo culpes a él.

—Señoras y señores, mi esposo y sus padres han permitido que esta señorita Lozano me humille, me maltrate y, cuando las cosas no salen a su gusto, hasta amenazan con cortarle el medicamento a mi abuelo para presionarme. ¿De verdad querrían que sus hijas se casaran en una familia así?

Algunos invitados negaron con la cabeza, otros no paraban de señalar a Marisol.

—Octavio, divorciémonos. Hasta aquí llegamos.

Dicho esto, Cristina levantó la falda de su vestido y salió corriendo del salón, con todos los ojos fijos en ella.

Las venas en la frente de Octavio se marcaron con fuerza, pero no podía hacer nada en público. Si reaccionaba, solo empeoraría todo.

—Hermano...

Marisol sintió que el aire le faltaba y las piernas le flaqueaban.

Pero Octavio solo le lanzó una mirada indiferente y ordenó con frialdad:

—Llévensela de aquí.

El aniversario terminó convertido en una vergüenza pública. Los invitados no sabían si irse o quedarse.

Octavio permaneció donde estaba, sin que se le notara ninguna emoción en el rostro, salvo por los nudillos blancos de tanto apretar los puños.

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