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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 140

Ángela guardó silencio.

Después de tomar el medicamento y dormir toda la noche, Cristina ya no tenía fiebre. Así que decidió ir una vez más a la empresa Industria Fuerte, empeñada en volver a ver a Xavier, sin importar lo que dijeran.

—¿Seguro que tienes fuerzas para esto? —preguntó Ángela, mirándola con preocupación.

Cristina contempló el sol radiante que se asomaba por la ventana.

—No te preocupes, estoy bien.

Justo cuando se preparaban para salir, el celular de Ángela sonó. Era el secretario de Xavier, avisando que Xavier estaba en el club de golf y que tal vez ahí podrían platicar con él unos minutos.

Solo unos minutos, nada más.

Pero ni Cristina ni Ángela se desanimaron. Compraron rápidamente ropa adecuada y salieron rumbo al club de golf.

Esta vez nadie intentó detenerlas.

Dieron el nombre de Xavier en la recepción y un caddie las condujo hasta el campo número 3.

Sin embargo, al llegar, Xavier no estaba por ningún lado.

—¿Será que este viejo se está burlando de nosotras? —murmuró Ángela, escaneando el lugar con la mirada.

Aunque apenas era por la mañana, el calor ya se sentía intenso, con el aire moviéndose pesado y pegajoso.

Cristina se sentó en la zona de descanso, abrió una botella de agua purificada y se tomó dos pastillas para el resfriado.

—Alguien con la posición de Xavier no nos haría venir aquí solo para hacernos perder el tiempo. Si mandó a su secretario a avisar, es porque va a llegar. Hay que esperar un poco más.

Apenas terminó de hablar, cuando unas siluetas aparecieron a lo lejos, en el corredor techado.

Xavier venía al frente del grupo junto con Octavio, discutiendo con entusiasmo sobre baterías de almacenamiento para camiones pesados.

Avanzaban conversando tan animados que ni parecían notar el resto del mundo.

—Ya valió, seguro ni nos va a escuchar —soltó Ángela en voz baja, apretando los dientes—. ¿Qué, de verdad quiere vernos fracasar?

Cristina no respondió. Dejó el agua a un lado y se puso de pie.

Al llegar al área de descanso, esta vez Xavier tomó la iniciativa de saludarla.

—Señora Lozano, lamento no haberle atendido mejor anoche. Le pido disculpas.

Cristina le devolvió el gesto con elegancia.

Octavio dio un trago a su limonada bien fría, miró a Cristina de reojo y soltó con un tono posesivo:

—Tuve que enseñarle mil veces hasta que le salió algo decente. Xavier, no la alabe mucho o se lo va a creer.

Enseguida le acercó su vaso, ofreciéndole lo que quedaba de su limonada.

Pero Cristina no lo aceptó.

—Acabo de abrir una botella de agua, ni la he terminado.

Ángela, que había estado a punto de alcanzarle la botella, se detuvo en seco al toparse con la mirada afilada de Octavio.

Sin decir palabra, Octavio tomó la botella que Cristina había dejado. Cuando estuvo a punto de dársela, la soltó de repente.

—¡Pum!

La botella cayó al suelo y el agua se derramó por todas partes.

Octavio sonrió, entre divertido y retador.

—Señora Lozano, después de tanto dar vueltas, al final solo te queda beber de lo mío.

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