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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 190

El murmullo de varios empresarios se clavaba como aguijones en la espalda de Cristina. Sus miradas, llenas de curiosidad malsana y desdén, la examinaban como si fuera un fenómeno de feria. Las pocas empresarias presentes tampoco mostraban empatía; al contrario, se mantenían distantes, mirándola desde lejos con una actitud impasible.

Ángela arrugó el ceño, fastidiada.

—¿Y estos? Tanta fama que tienen y se la pasan juzgando a los demás. ¿Acaso no tienen criterio propio? ¿Todo lo que oyen lo creen, así nomás?

Cristina bajó la mirada, dejando escapar un suspiro.

—En un entorno donde los hombres dictan las reglas, los errores de una mujer siempre se exageran. Aunque ahorita todos parezcan muy amigables, no dudes que por la espalda están listos para aplastar a la competencia.

Lo cierto era que, desde que Dinámica Suprema empezó a destacar por su tecnología, aquellos empresarios ya las veían como una amenaza real. El “escándalo” de Cristina no era más que un pretexto para atacarlas.

—Si quieres, podemos irnos. No tienes por qué aguantar esto —sugirió Ángela, preocupada por su amiga.

Cristina sonrió, tranquila.

—¿Y dejarles el campo libre justo cuando quieren verme fuera? Ni pensarlo.

—Es cierto, nuestro objetivo aquí es el señor Jurado, no esta bola de gente. Mejor los ignoramos.

Ángela llevó a Cristina hasta la mesa de bebidas y le tendió un vaso de jugo de naranja.

—Mejor toma esto, nada de alcohol hoy.

Cristina estaba a punto de aceptar el vaso cuando, de pronto, sintió que una copa le vaciaba el contenido sobre el zapato.

Alzó la vista. Frente a ella estaba una mujer de poco más de cincuenta años, de cabello corto y actitud altanera. Con una sonrisa burlona, la mujer levantó el mentón y soltó:

—Vaya, qué torpeza la mía. Disculpa.

—No te preocupes —respondió Cristina, manteniendo la compostura aunque notaba el tono provocador.

La mujer la miró de arriba abajo y añadió, sin perder su aire desdeñoso:

Ángela jamás imaginó que estaban a punto de enfrentarse a un boicot en toda regla. ¿De verdad les aterraba tanto tener rival?

Estaba a punto de contestar cuando Cristina le tomó del brazo para que se calmara. En ese momento, un murmullo recorrió el grupo: Tobías y su secretario se acercaban por el pasillo.

Por fin llegaba alguien capaz de poner orden.

Ángela casi sonrió de alivio, pero Cristina negó con la cabeza, advirtiéndole que no se confiara.

Sara se adelantó unos pasos, saludando con una sonrisa forzada.

—Señor Jurado —dijo, haciendo un gesto de respeto—, le juro que no entiendo cómo empresas como Dinámica Suprema pueden estar invitadas aquí. Siempre he sido muy estricta con la ética y no soporto a quienes carecen de ella. Si esto ha incomodado a sus invitados, ofrezco disculpas.

Tobías dejó que su mirada recorriera a todos los presentes, sin detenerse en Cristina ni un segundo. Sus labios dibujaron una media sonrisa.

—En el mundo empresarial, la reputación pesa más que el talento. Cuando se pierde la confianza, todo lo demás se viene abajo. Que todos aquí detesten la falta de ética no es un defecto, sino una virtud.

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