Justo cuando estaba a punto de agarrar la muñeca de Cristina, Ernesto se interpuso entre ambos, levantando el brazo.
—No te metas en lo que no te importa —le soltó Sebastían con voz dura.
Ernesto iba a responder, pero Cristina le apretó el brazo con suavidad.
—Gracias por todo hoy. Lo de la familia Lozano yo lo resuelvo, mejor vete.
Ernesto entendió enseguida que, si seguía junto a Cristina, su identidad podía quedar al descubierto. Así que le lanzó una mirada fulminante a Sebastían y se marchó.
—¿Quién era ese? ¿Qué relación tienes con él? —le soltó Sebastían.
Cristina respondió con una sonrisa burlona:
—Mira nada más, ahora sí te interesa el chisme ajeno. Yo pensaba que el señor Lozano solo tenía cabeza para su esposa, ¿no?
—Tú... —Sebastían tragó coraje antes de seguir—. Sigues siendo parte de la familia Lozano, y Julieta sigue siendo tu suegra. Que te haya amarrado, que haya mandado a alguien a hacerte daño, al final son peleas de familia. ¿Para qué armas tanto escándalo y lo llevas hasta la policía?
Cristina lo miró directo a los ojos y se le escapó una risa ligera.
—¿Entonces para ti la ley tiene que hacerse a un lado por las porquerías de la familia Lozano?
A Sebastían se le empezaron a marcar las venas en la frente del coraje.
—¡Todavía no te he reclamado por andar con Lilian y querer meterte en mi matrimonio!
Apenas terminó de hablar, se volteó hacia los guardias de seguridad y les gritó:
—¿Qué esperan? ¡Ya les dije lo que tienen que hacer! Llévensela a la estación de policía para que firme y retire la denuncia. ¡Hoy mismo quiero ese caso cerrado!
Los guardias estaban a punto de moverse cuando una voz de mujer interrumpió de repente.
—Como para ti secuestrar o lastimar a alguien son cosas sin importancia, te la pasas haciéndolo. Por fuera pareces un esposo ejemplar, pero en el fondo eres una bestia con disfraz de humano.
—Tú... —Sebastían la reconoció de inmediato—. Valeria, no tienes idea de nada, ¿qué vienes a gritar aquí?
Valeria se puso junto a Cristina.
—No sabré mucho, pero por lo menos sí sé distinguir entre gente buena y gente mala.
Sebastían cerró los ojos, buscando contenerse.
—¿Y tú qué haces aquí?
Valeria le respondió con ganas de pelear.
—Eso no te importa. No quiero verte, lárgate.
—¿Y ahora? ¿Así me hablas? Ni siquiera sabes en qué ando metido, tú...
Antes de que pudiera terminar, Valeria agarró una escoba y sin pensarlo lo atacó, dándole con todo.
El esposo de Valeria había fallecido hacía años, así que si había decidido rehacer su vida, no tenía nada de malo.
Valeria negó de nuevo.
—No quiero tener este bebé, pero por ahora el doctor no me recomienda operarme. Debo quedarme internada. Primero tengo que ir a Residencial Bahía Platina a pedirle permiso al señor Lozano.
Un pensamiento inquietante empezó a crecer en la mente de Cristina.
—Pero aquí dice que debes quedarte en el hospital de inmediato, si no, podrías tener una hemorragia grave. Y así y todo te pusiste a pelear hace rato —comentó Cristina, y no pudo evitar reírse.
Valeria también sonrió, apenada.
—Mira, yo me encargo. Paso por Residencial Bahía Platina y de una vez pido el permiso por ti.
...
Mientras tanto, Sebastían había salido del hospital.
Subió al carro y marcó el teléfono, todavía visiblemente molesto.
—No quiere ir a la policía a retirar la denuncia.
Del otro lado, Adrián respondió:
[Que la retire o no, a mí ya me está yendo mal. El Oasis de Noche está lleno de policías y Octavio me está echando el ojo. Hoy en la noche casi me topo con él de frente. Ya ni sirve que trates de arreglarlo después. Mejor dile a tu hijastra que no me meta en más problemas.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa