—Suéltame.
Octavio no se molestó en disimular su desprecio hacia ella.
Pero Marisol no aflojó ni tantito su mano.
—No conozco al profesor Gabriel, pero sí a su hija, Jimena Velázquez. Ella estudió cuatro años en Aalborg y suele ir a todas las fiestas de la alta sociedad allá. Yo soy amiga suya. Últimamente ha estado acompañando a su papá a descansar en Finca del Sol.
Octavio la miró de reojo.
—¿Qué esperas conseguir?
Marisol, con la mirada brillante, respondió:
—Solo te pido que no dejes que nadie me aleje de tu lado. Déjame quedarme contigo.
Pero Octavio cerró la boca, negándose a responder.
Marisol insistió:
—Te juro que nunca te veré con otros ojos.
Octavio soltó una risa seca.
—Las promesas son lo menos confiable que hay.
Marisol se puso de pie y le acomodó la sábana.
—Te lo voy a demostrar con hechos.
...
Cristina preparó una sopa de cebolla especial y le pidió a Ángela que se la llevara a Ernesto, para que después él se la entregara a Valeria.
Los hombres de Sebastián la habían seguido durante tres días, pero no encontraron nada.
Ernesto le mandó un mensaje a Cristina:
[Valeria ya se está recuperando. En una semana podrán operarla.]
Cristina por fin pudo respirar un poco más tranquila.
En una semana, cuando Valeria perdiera al bebé, dejaría de ser la víctima de las peleas internas de la familia Lozano. Entonces podría ayudarla a irse a donde quisiera.
Cristina decidió dejarla al cuidado de Ernesto mientras tanto.
Después de tres meses de espera, Dinámica Suprema por fin obtuvo la aprobación para ser miembro de la Asociación de Energía Renovable.
Ese reconocimiento significaba que Dinámica Suprema recibiría subsidios anuales de varios millones de pesos, prioridad para acceder a patentes tecnológicas de alto nivel y muchos más recursos.
El trámite de hoy era crucial. Pero justo ese día, la mamá de Ángela se enfermó, así que ella le encargó la tarea a Cristina.
—El cambio de presidente atrasó todo, por eso tardaron tanto en aprobarnos la membresía. El nuevo presidente está en Finca del Sol. Si tienes oportunidad, invítalo a comer.
—¿Cómo se llama el nuevo presidente? —preguntó Cristina.
Ángela le entregó una botella de agua de cáscara de naranja con tejocote que ella misma había preparado.
—Se apellida Velázquez. No he tenido tiempo de averiguar más. Pero tiene acceso al sistema de pruebas multipropósito que justo necesitamos para nuestro proyecto de almacenamiento híbrido. Ese día que vi la actitud del señor Jurado, me quedó claro que con EcoEnergia no se va a poder. El señor Velázquez es nuestra segunda opción.
Cristina sabía lo importante que era la membresía de Dinámica Suprema, así que se subió al carro y fue sola.
Pero cuando llegó a la entrada del salón de conferencias en Finca del Sol, la detuvo el secretario de la asociación.
—¿No te dijeron que vinieras a las dos y media?
Cristina se quedó pasmada. Ángela le había dicho a las tres.
—¿Por qué no?
—Tus intenciones no son nada limpias.
Francisco no pudo evitar soltar una carcajada.
...
En el campo de la finca, junto al establo de caballos.
Cuando llegaron Francisco y Cristina, Gabriel conversaba animadamente con Octavio.
A un lado de Octavio estaba sentada una mujer de unos veinticuatro o veinticinco años, vestida con ropa de montar. Se veía segura y decidida.
Ambos asientos estaban tan juntos que, al sentarse, la mujer se inclinaba inconscientemente hacia Octavio.
No podía ser más obvio su interés.
Mientras tanto, Marisol solo pudo quedarse parada detrás de Octavio, mirando cómo otra mujer ocupaba su lugar al lado del hombre que amaba.
Cristina entrecerró los ojos cuando Octavio cruzó su mirada con la de ella.
La dureza en la mirada de Octavio era como un puñal, dejándole claro que estaban pendientes algunos asuntos entre ellos.
Cristina apartó la vista.
Francisco, que era buen amigo de Gabriel, ni se inmutó por la tensión en el ambiente.
Al acercarse, sonrió y dijo:
—Profesor, la representante de Dinámica Suprema lleva tiempo queriendo conocerlo.

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