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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 224

—¿Cuál es tu sugerencia…? —preguntó ella.

Ángela deslizó hacia ella un documento titulado “Perfil Corporativo de Energia Viva Grupo”.

—En realidad, la opción más lógica sería la empresa de camiones pesados de Grupo Alfa. Después estaría Industria Fuerte. Pero te soy sincera, les guardo rencor, así que esas dos ni pensarlas. Esta compañía, en cambio, se la pasó unos años expandiéndose en el extranjero y apenas hace poco regresó a hacer negocios aquí.

Cristina asintió despacio.

—Si tú crees que es buena opción, adelante, habla con ellos.

Ángela revisó la hora en su celular.

—Antes de eso, mejor ve a atender a alguien que te espera afuera.

—¿Quién? —Cristina frunció el ceño, sin entender.

Ángela hizo un gesto con la barbilla, señalando hacia el vestíbulo.

—Pato. Ayer en la tarde vino, pero como no te encontró, hoy regresó. Uno nunca sabe, capaz te animas a darle una oportunidad a los Jurado.

Cristina se apresuró a salir hacia la recepción.

Ernesto estaba sentado en la sala de espera, hojeando unos papeles.

La luz de las lámparas caía sobre él, remarcando su porte elegante, el cabello corto perfectamente arreglado y las cejas impecables.

Por un instante, Cristina sintió que aquel chico ya no era Patricio, sino el heredero de los Jurado.

Recobró la compostura y se sentó frente a él, en el sillón individual.

Apenas la vio, Ernesto se puso de pie de inmediato, visiblemente tenso, y la examinó de arriba abajo con ansiedad.

—Te llamé y ahí me enteré de que me bloqueaste… ¿Estás bien? ¿Te hizo algo ese tipo? ¿Te forzó?

Cristina no respondió de inmediato. Bajó la voz y le devolvió la pregunta:

—¿No temes que los Jurado descubran que fingiste perder la memoria?

Ernesto se dejó caer en el sillón, derrotado.

—Si no hubiera sido por salvar a mi abuelo, jamás te habrías casado con Octavio. Toda esa boda… me pesa.

—Patricio ya no existe —contestó Cristina, como si hablara del clima—. No tienes nada que reprocharte, Ernesto.

Él se inclinó hacia adelante, alterado.

—Octavio no quiere divorciarse. Lo hace sólo para complicarte la vida. Cris, no te quedes atrapada, déjame…

Se interrumpió de golpe al notar que Cristina miraba hacia otro lado, con el semblante endurecido.

Siguió su mirada y, al verla, sus ojos se abrieron de par en par.

Marisol observaba a Cristina con una sonrisa torcida.

—¿Interrumpo tu cita, cuñada?

—El tema del divorcio lo tengo bajo control. Vete.

—Hoy es la cena exclusiva para los genios del desarrollo de energías limpias. Mi hermano dijo que sin invitación no entras. Por eso me mandó a recogerte.

Cristina percibió la burla en su tono y le regaló una sonrisita.

—Vaya, señorita Silva. Parece que el plan de ascender no te salió y ahora te tocó hacer de portera, ¿no?

La máscara de Marisol casi se resquebraja de pura rabia.

Apretando los dientes, escupió:

—No te sientas tan lista. Jimena también invitó a tus excompañeros. ¿Te acuerdas de los que siempre te tiraban la charola en la cafetería ‘sin querer’?

La memoria de aquellos días la atravesó como una punzada.

Cristina endureció la mirada, los ojos resplandeciendo con un filo peligroso.

Marisol lo notó y sonrió aún más.

—Adelante, cuñada.

...

En el pasillo de cristal del tercer piso, Saúl estaba por abrir la puerta del privado cuando, de reojo, captó una silueta familiar entrando al vestíbulo.

Titubeó, luego miró al hombre elegante a su lado, que ajustaba los puños de la camisa con calma.

—Jefe, ¿de verdad va a quedarse de brazos cruzados?

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