La mujer sonrió ligeramente y se puso de pie.
—Si no quieres platicar, no pasa nada. Me voy.
Cinco minutos de actuación, dos mil pesos de pago, y esa señora se fue más feliz que nunca.
Cristina llegó al estacionamiento, justo cuando iba a abrir la puerta de su carro, Francisco la detuvo apretando la puerta con fuerza.
Ella giró la cabeza, topándose con ese rostro tenso, la mirada encendida por la molestia. Cristina soltó una risa ligera.
—¿El señor Jurado está molesto porque rompí la cita?
Francisco no estalló, pero su cara, siempre tan correcta y educada, se endureció, mostrando una distancia que cortaba el aire.
—¿Crees que puedes jugar conmigo y salir bien librada? ¿Ya pensaste cómo vas a enfrentarte a las consecuencias?
Cristina arqueó una ceja.
—Así que intentar arruinarme no es lo peor que el señor Jurado puede hacer.
Él entornó los ojos, una oleada de irritación le recorrió el pecho. Aflojó su corbata con gesto impaciente.
—Entonces, ¿no rechazaste mi acercamiento porque estabas buscando la oportunidad de vengarte?
Cristina asintió sin rodeos.
—Me siento halagada de que el señor Jurado valore el poder de Dinámica Suprema. Si no fuera así, jamás habría tenido la ocasión de darte una lección. Pero…
Se detuvo a propósito, dejando la frase en el aire.
—Solo provoqué que tu madre te armara un escándalo. Comparado con el daño que me hiciste, esto no es nada. Pero yo no soy rencorosa, damos esto por saldado. Si más adelante el señor Jurado quiere trabajar con Dinámica Suprema, puede hacerlo por el canal normal.
Sin más, volvió a intentar abrir la puerta del carro.
Esta vez, Francisco quitó la mano.
—Cristina, ¡no te arrepientas después!
Dicho eso, Francisco se alejó sin mirar atrás, su figura rebosando determinación.
Cristina, en cambio, sentía una calma absoluta.
Las personas que no importan, ni una onda logran mover en tu vida.
...
La crisis para Ernesto y su madre, por ahora, había terminado.
De regreso en Dinámica Suprema, Cristina iba camino a cambiarse el uniforme cuando Ángela la tomó del brazo, poniéndose misteriosa:
—¿Todavía quieres buscar a tus padres?
Cristina se quedó pensando un par de segundos.
—La verdad, ya no me interesa mucho.
Ángela abrió los ojos, sorprendida.
—Oye, ¿y si tus papás también te están buscando, pero ni saben de la página de búsqueda por ADN?
[Tobías sale de Valenciora hoy a las ocho de la noche. Tienen que estar en la carretera al aeropuerto antes de las seis.]
[Entendido.]
Adrián colgó y fijó la mirada gélida en Marisol, sentada frente a él.
—¿Estás segura de que Octavio dejó de lado a Cristina para empujarla hacia Tobías, así consigue traerlo a su bando?
La marca morada en la boca de Marisol ya no se notaba, aunque su cuerpo seguía resentido, por eso llevaba pantalón y blusa de manga larga.
—No gano nada mintiéndote. Si no eliminas a Cristina, olvídate de la herencia de los Lozano.
Adrián dio un golpe en la mesa.
—¿Tienes idea de quién es Tobías? Si lo haces enojar, no podrás con las consecuencias.
Marisol se puso de pie.
—Apuesto lo que quieras. Cristina y Tobías ya traen enredos desde hace rato. Si no actúas ya, Octavio te va a comer el mandado.
Adrián solo le lanzó una mirada filosa.
—No me provoques. Muy pronto sabré qué hay entre Cristina y Tobías. Pero si descubro que otra vez me quieres usar para ensuciarte las manos…
Se recostó en la silla, la mirada dura como piedra.
—…ya sabes lo que te espera.

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