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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 32

A los trece años, la sacaron de un canal. Cuando despertó, no recordaba quién era, ni quiénes eran sus padres, ni dónde estaba su casa. Tras varios intentos fallidos de ubicarla, terminó en el orfanato Valenciora.

Pero no llevaba ni un mes ahí cuando un hombre mayor se presentó para adoptarla.

Ese hombre era un empresario adinerado, decía no tener hijos. Sin embargo, apenas Cristina llegó a su casa, se dio cuenta de la verdad: sí tenía hijos, y su interés en adoptarla respondía a un gusto retorcido.

Cristina apenas logró escapar con vida. Sin un lugar a dónde ir, pasó meses vagando por las calles.

Durante medio año, vivió cerca de un basurero en un callejón. Fue ahí donde el hijo de esa familia, Patricio Gutiérrez, la encontró después de la escuela y decidió llevarla a su casa.

La reacción de Ivana, la madre de Patricio, fue explosiva.

—Pato, ¿no sabes cómo está la situación aquí en la casa? A duras penas soporto que traigas gatos y perros porque comen de más, ¡pero ahora te traes a una persona! ¿Qué piensas hacer?

Patricio sabía bien que su madre era interesada, pero justo por eso, en plena adolescencia, le encantaba llevarle la contraria.

—Yo me hago cargo de ella, mamá, tú ni te preocupes.

Ivana, muy molesta, soltó:

—¡Apenas tienes trece años! Todavía dependes de mí para todo, ¿cómo piensas mantenerla?

En ese momento, el abuelo intervino.

—Una boca más no hace diferencia. Si el destino la trajo a nuestra casa, será por algo. Siempre dices que Pato debería tener hermanos que lo acompañen, ¿no? Ahora el cielo te envió uno, ¿y lo vas a rechazar?

Ivana tenía un carácter fuerte y palabras filosas, pero después de desahogarse, acabó aceptando a Cristina.

Toda la familia Gutiérrez fue buena con Cristina, especialmente el abuelo. Como ahora había que mandar a otro niño a la escuela, el hombre, con sesenta años encima, empezó a trabajar barriendo calles para traer un poco más de dinero a casa.

Los días en la familia Gutiérrez fueron los más felices en la memoria de Cristina, hasta que, cuatro años atrás, Patricio murió en un accidente. El abuelo, devastado, cayó enfermo del corazón.

Fue durante la emergencia en el hospital que Cristina conoció a Natalia.

En ese entonces, si no aceptaba una cirugía carísima para el abuelo, lo perdería. No tuvo opción.

El abuelo se acomodó en la almohada, notando cómo Cristina forzaba una sonrisa.

Nunca había sido rico, pero sí tenía muy claro cómo funciona el mundo.

Un matrimonio desigual significaba que Cristina no tendría voz en la familia Lozano. Aunque sufría injusticias, su esposo siempre pondría los intereses familiares por encima de ella.

Aunque Cristina había llegado a su vida por casualidad, tanto ella como Patricio se habían vuelto igual de importantes para él.

—Niña, ya deja de preocuparte por mí. Mi vida ya está avanzada, no vale la pena que sacrifiques tus sueños por quedarte en la familia Lozano. Si puedes irte, hazlo.

—¡Papá! ¿Cómo puedes decirle que se divorcie?

Ivana irrumpió en la habitación, alterada.

—Si deja a la familia Lozano, ¿de dónde vamos a sacar dinero? Sin ellos, no te van a poder comprar los medicamentos importados. ¿Te quieres morir?

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