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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 345

Después de cenar, Cristina se preparó para marcharse.

Tobías le tomó la mano.

—¿No quieres subir un rato?

Cristina esbozó una sonrisa pícara.

—¿Otra vez quieres que vea a tu “pequeño amigo” usando esas pijamas transparentes?

Tobías soltó una risa resignada y, sin soltarla, la guió suavemente hacia la salida del hotel.

Con delicadeza, abrochó el cinturón de seguridad para Cristina. De pronto, como si algo le cruzara la mente, giró la cabeza y preguntó:

—¿El departamento donde vives ahora es tuyo?

—No, Angie me lo rentó.

—Si tienes algo de dinero guardado, ¿por qué no compras uno para ti?

Tobías se apoyó en la puerta del carro, mirando fijamente el rostro de Cristina.

Ella parpadeó, titubeó apenas un par de segundos antes de responder:

—El día que de verdad quiera tener un hogar, lo pensaré.

Tobías presionó los labios, sin decir más, y caminó hacia el asiento del conductor.

—Tengo que ir un rato a Clarosol —comentó.

Cristina lo miró, al principio con la intención de preguntar para qué, pero lo que salió de su boca fue:

—¿Cuánto tiempo te vas a quedar allá?

Tobías sonrió, con un brillo travieso:

—Si no me extrañas, me quedo mucho. Si llegas a extrañarme, regreso rápido.

Cristina soltó una carcajada y prefirió no seguirle el juego.

...

A la mañana siguiente, Cristina llegó temprano a Dinámica Suprema.

Ángela la esperaba con un documento en la mano.

—Este es el contrato que acabamos de firmar con Energía Viva. Ya está notariado. En unos días, los equipos de las dos empresas van a revisar los terrenos y elegir dónde montar la planta.

Cristina lo hojeó por encima.

—De temas de cooperación tú sabes más que yo. Si a ti no te parece que haya algún problema, entonces no lo hay.

Ángela guardó el contrato y le recordó:

—Mañana por la noche tenemos una cena de negocios con la gente de Nieve Eterna. Es para anunciar oficialmente la alianza. No se te olvide pedir permiso a tu señor Jurado y llegar puntual, ¿eh?

Cristina se levantó sonriendo.

—Hoy se fue a Clarosol, mañana por la noche soy completamente libre.

Salomé sonrió con elegancia, retiró la mano con delicadeza y asintió, sus palabras llenas de gratitud pero dejando claro el límite.

—No es ninguna molestia. Nos alegra que quieras estar con nosotros.

Begoña, satisfecha, giró hacia Tobías y dijo con discreción:

—Tú ve tranquilo a tus asuntos, que yo cuidaré de tu chica como si fuera mía.

Al escuchar esto, Salomé agachó la cabeza, el rubor tiñéndole las mejillas.

Tobías, sin embargo, parecía inmune a los intentos de Begoña por emparejarlos.

—Ella es algo inquieta. Si hace algo que no te guste, puedes decírselo. No tienes por qué consentirle todo.

—Cuñado...

Salomé alargó la palabra, en tono de broma y suave reproche, con un dejo de confianza.

—…yo soy la más educada de todas.

Begoña intervino rápido:

—Claro que sí, tu cuñado lo sabe. Solo se preocupa por ti.

A Salomé le encantaba escuchar aquello.

Estaba por seguir bromeando cuando Tobías, con un tono seco, interrumpió:

—Fue Jael Rivas quien llamó especialmente. Dijo que estando lejos, lo más importante es estar bien. Así que cuídate y hazle caso.

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