Al terminar de hablar, su mirada se posó fijamente en el rostro sorprendido de Cristina.
—¿Hay algún problema con manejarlo de esta manera? —preguntó.
—¿No deberías estar ahora en el hospital trabajando? —Cristina lo encaró, sin ocultar su inquietud.
—Anoche dijiste algo muy cierto. Cuando la empresa estuvo en su peor momento, mi hermana nunca se rindió. Ahora que apenas quiere descansar un tiempo, lo único que puedo hacer como hermano es asegurarme de que pueda recuperarse tranquila, y también proteger este sueño por el que tanto luchó.
Elián barrió la sala con la mirada, y prosiguió:
—Hasta que Ángela regrese, asumiré el puesto de gerente general, encargándome de la operación y las decisiones estratégicas de la empresa. La señorita Pérez seguirá liderando el equipo técnico, enfocada en fortalecer la competitividad de nuestro producto principal. Aunque administrar una empresa y manejar un hospital no son lo mismo, en el fondo comparten la misma lógica. No sé si estén dispuestos a trabajar conmigo para que Dinámica Suprema siga creciendo.
Así, por Ángela, Elián había dejado su trabajo en el hospital para cuidar de la empresa de su hermana.
Pasaron un par de segundos en silencio, hasta que Cristina, siendo la primera, comenzó a aplaudir...
Aunque la decisión de Elián de unirse a la empresa la sorprendió, ella respetaba su elección.
Ahora a Elián le tocaba familiarizarse con todos los asuntos internos de la empresa, pero con la ayuda de la asistente y la secretaria, eso no sería un gran problema.
—Por un lado, seguimos buscando un corazón compatible para él; por otro, mi papá hoy fue a Clarosol a platicar con el responsable del laboratorio. Ojalá nos traiga buenas noticias.
Cristina asintió.
Justo iba a decir algo cuando su celular sonó. Era una llamada de Octavio.
No contestó y simplemente la colgó.
Menos de un minuto después, le llegó un mensaje.
[¿No quieres saber quién fue el que lastimó a tu amigo?]
Cristina se quedó inmóvil, con el dedo suspendido sobre la pantalla.
Enseguida entró un segundo mensaje.
Era la dirección de una cafetería al aire libre.
Quedaba cerca de donde trabajaba Tobías.
Cristina reflexionó unos instantes, pero terminó por ir.
Octavio ya estaba ahí, y hasta le pidió un café americano con hielo.
La observó un momento, notando que se veía bastante bien, y soltó:
—Pensé que después de lo que le pasó a tu amigo, estarías tan mal que no podrías ni comer ni dormir. Pero veo que exageré.
Cristina no respondió. Su atención estaba en el objeto dentro de la bolsa.
Arrugó el entrecejo y preguntó:
—¿Qué significado tiene esta hoja seca?
Octavio se recargó en la silla, seguro de sí.
—Esa la encontraron donde atacaron a Ángela. Para un taller abandonado, una hoja muerta no es la gran cosa, pasa desapercibida. Pero esta planta solo crece en el jardín de la familia Jurado.
Las palabras de Octavio la sacudieron por dentro.
Él la miró con detenimiento y continuó:
—Si no me crees, puedes comparar la tierra de la hoja con la del jardín de los Jurado y analizar si son iguales. Esta hoja seca que proviene del jardín de los Jurado es suficiente para demostrar que alguien entró ahí. Y como nadie de esa familia ha salido lastimado últimamente, lo más probable es que fue para encontrarse con la persona que le dio la orden.
Cristina guardó silencio al escuchar eso.
Octavio se inclinó un poco hacia adelante, tamborileando los dedos sobre la mesa.
—Entonces dime... ¿todavía confías en Tobías?

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