Entrar Via

La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 365

Al ver a Tobías plantado en la puerta, sin atreverse a dar un paso más, Saúl echó un vistazo al interior y, con toda la naturalidad del mundo, preguntó en voz alta:

—¿Jefe, pasamos o qué?

Las dos personas dentro de la sala de curaciones voltearon a verlo al mismo tiempo.

Ernesto, apresurado, se abrochó los botones de la camisa y se puso de pie, saludando:

—Tío.

Solo entonces Tobías entró caminando con calma, preguntando:

—¿Todo bien aquí?

Ernesto tomó la chaqueta que Cristina le pasó y respondió con media sonrisa:

—¿Qué tan fuerte puede pegar mi tía? No pasa nada.

Tobías no dijo ni sí ni no:

—¿Vine en mal momento o qué?

Ernesto se quedó sin palabras.

Cristina evitó su mirada, acomodó la camisa de Ernesto y lo jaló para sacarlo del consultorio.

—¿Vamos a la empresa o prefieres irte a descansar a casa?

—A la empresa, mejor. Si regreso a casa a esta hora...

Cristina soltó una risa al escuchar su respuesta:

—Mira nada más, por mí te animas a enfrentar a Begoña, pero cuando estás solo, ¿te da miedo?

Ernesto mostró una sonrisa amarga, hablando en voz baja:

—Mi papá siempre me repite que debo respetarla.

Ya afuera, Cristina lo acompañó hasta el carro:

—Aunque no se te rompió la piel, hay que cambiarte el vendaje. ¿Sí sabes dónde hacerlo?

Ernesto asintió, planeando ir a Residencial El Paraíso a ver a su madre.

Cristina se giraba para irse cuando él la detuvo, tomándola suavemente del brazo y susurrando:

—Sé que entraste a la familia Jurado porque quieres averiguar algo, pero dudo que sea por la señora Jurado.

Cristina alzó las cejas en señal de sorpresa.

Ernesto siguió:

—Siempre he estado pendiente de la gente que la rodea.

—Antes de volver a trabajar, pasa primero a ver a tu papá y reconoce tu error —le aconsejó Cristina, soltando su mano.

Cuando el carro de Ernesto se alejó, Cristina se volvió y vio a Tobías plantado bajo el porche de la clínica, con el ceño fruncido.

Ella se acercó y, sin previo aviso, olfateó su camisa.

Tobías la miró molesto:

Cristina se quedó pasmada, recordando de pronto el informe médico de él. Bajó la mirada y, en cuanto confirmó su sospecha, sintió que las mejillas le ardían.

Justo cuando él guiaba su mano hacia abajo, un golpeteo fuerte en la ventana los interrumpió.

—¡Toc, toc, toc!

Cristina, como si le hubieran puesto un resorte, se zafó de Tobías y se apartó hacia la puerta, manteniendo la mayor distancia posible entre ellos.

Tobías suspiró, se acomodó la ropa y bajó la ventanilla.

—Más te vale que sea algo importante.

La voz cortante de Tobías puso nervioso a Saúl, quien se apresuró a reportar:

—Acabo de ver que a la esposa del señor Jurado la trajeron en ambulancia. Traía la mano vendada.

Cristina pensó de inmediato: “Perfecto, seguro va a querer sacarnos dinero porque se mojó la mano con un poco de té frío”.

Tobías ni se inmutó:

—Ignórala y maneja.

...

La señora Jurado tramitó el ingreso hospitalario en tiempo récord y vendó su mano como si estuviera a punto de perderla.

Luego avisó al asistente de Gustavo para que el doctor le recetara una botella enorme de glucosa. Se recostó en la cama, recibiendo el suero, esperando que su esposo llegara al hospital para “hacerle justicia”.

Pensó que todo saldría perfecto, pero aunque su nivel de azúcar se disparó, no hubo ni rastro de Gustavo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa