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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 370

Tobías soltó una carcajada baja y profunda, una de esas risas que nacen en el fondo del pecho y vibran con una alegría rara, totalmente desnuda de defensas. No era común verlo así, tan relajado, sobre todo delante de alguien que no fuera de su círculo más cercano.

Saúl, que iba manejando el carro, lo miró de reojo por el retrovisor y no pudo evitar suspirar en silencio. Recordó que, en confianza, ya le había sugerido a su jefe que buscara una oportunidad para tomar dos cabellos de la señorita Pérez y mandarlos a analizar. Pero Tobías nunca se había decidido a hacerlo, aunque tampoco lo descartó de plano.

¿Estaba dudando, evaluando las posibilidades… o le daba miedo?

Saúl no podía descifrarlo.

El carro se detuvo frente al edificio de departamentos.

Cristina se bajó de las piernas de Tobías. Le resultó extraño que él no hiciera ningún movimiento fuera de lugar. Desde que regresaron de Estrellamar, cada vez que se veían, él insistía en besarla. Pero esa noche, solo la abrazó.

—Bueno, yo me voy para arriba, nos vemos.

Dicho esto, abrió la puerta y se bajó del carro.

Sin embargo, lo que no esperaba era que el hombre también saliera, alargando sus pasos para alcanzarla.

Cristina se detuvo, intrigada.

—¿Y tú por qué vienes detrás de mí?

Tobías metió las manos en los bolsillos de su pantalón, caminando con toda la calma hacia la entrada del edificio. Al pasar junto a ella, solo le soltó dos palabras:

—Sube conmigo.

Cristina entró al elevador detrás de él y, al verlo presionar el botón de su piso con tanta familiaridad, la duda se le instaló en la cabeza.

El elevador ascendía despacio, y el aire entre ellos se cargó de algo indefinible. Cristina no pudo evitar examinar el perfil de Tobías, tan marcado, y se atrevió a preguntar en voz baja:

—¿No que ya era tarde y te tenías que ir a casa?

Tobías la miró de lado, con una chispa traviesa en los ojos.

—¿Estás pensando por qué hoy no te besé?

Cristina se sonrojó de inmediato y desvió la mirada.

Cuando el elevador se abrió, ella salió a toda velocidad, pero Tobías la siguió sin perder el paso.

Pero esta vez, él no se detuvo para preguntarle nada. Solo alargó la mano y apagó la luz.

Se oyó el clic del cinturón desabrochándose. Cristina abrió mucho los ojos, pero Tobías no le dio tiempo de hacerse a un lado. Le sujetó la mano, la misma mano que ella intentaba esconder…

...

Cristina corrió de vuelta a su departamento, cerró la puerta de golpe y se apoyó en ella, respirando agitada.

No había encendido la luz del salón. En la oscuridad, sentía el retumbar de su propio corazón en los oídos. Las mejillas le ardían, y la mano que había sentido la fuerza y la calidez de Tobías estaba ahora tan caliente que le quemaba.

Siempre había sido una persona tradicional, y después de alejarse de Octavio Lozano, pensó que le tomaría mucho tiempo aceptar a otro hombre. Pero Tobías, con sus constantes provocaciones y pasos calculados, había logrado derribar una a una sus barreras.

Y ese cambio, solo lo había logrado él.

El corazón de Cristina estaba hecho un desastre.

En ese momento, sonó el timbre de la puerta.

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