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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 398

—¿Terminar?

A Francisco le dio un dolor de cabeza tan fuerte que casi se desmayó. Se tambaleó, a punto de caer.

Ernesto, que estaba cerca, corrió a sostenerlo antes de que se desplomara.

Begoña llegó corriendo, angustiada.

—¡Hijo, no! ¡No terminen! Yo jamás permitiría que ustedes se separaran.

—¡Me mientes! ¡Siempre me engañas! —Francisco tenía los ojos tan rojos como si llorara sangre.

Al ver la escena, Gustavo reaccionó de inmediato y le gritó a Ernesto:

—¡Rápido, lleva a tu hermano arriba! ¡Llama a un doctor!

Ernesto y Begoña apenas lograron ayudar a Francisco a subir las escaleras, sosteniéndolo con dificultad.

Juana intentó seguirlos, pero un policía la interceptó en el pasillo.

—Tiene que acompañarme.

—¡No fui yo, se lo juro! ¡Alguien cambió las medicinas, yo jamás toqué nada ilegal! —Juana rompió en llanto, tratando de defenderse.

—Eso lo investigaremos. Ahora, por favor, coopere.

El agente no le dio oportunidad de escapar; la tomó del brazo y se la llevó por el pasillo.

Begoña, que iba a la mitad de la escalera, vio cómo se llevaban a Juana y quiso bajar para detenerlos. Pero Gustavo la detuvo con una sola pregunta:

—¿Vas a elegir a tu hijo o a ella?

Begoña vaciló. Su paso se volvió inseguro, su decisión la desgarraba por dentro.

Al final, solo pudo ver cómo Juana desaparecía, escoltada por los policías, impotente y llena de rabia.

Begoña le lanzó una mirada llena de resentimiento a Cristina, luego se giró y siguió subiendo como pudo.

Gustavo, exhalando con cansancio, miró a Tobías y comentó con voz apagada:

—Juana siempre ha sido cercana a tu cuñada... Esto...

Tobías, con el rostro impasible, lo interrumpió:

Cristina apartó la mirada, fue por la secadora y la conectó, como si nada.

—¿Quién cambió las medicinas de Juana? —preguntó Tobías, acercándose sin rodeos.

Cristina, sin dudarlo ni un segundo, respondió:

—Yo distraje a Begoña, Ernesto hizo el cambio. Incluso la cámara en la cocina fue cosa suya, la instaló días antes.

—¿Y dónde consiguió Ernesto ese tipo de medicina? —preguntó Tobías, su expresión tan dura que imponía respeto.

Cristina se quedó callada un instante, luego contestó:

—No tengo idea. ¿Acaso vienes a interrogarme para limpiar el nombre de Juana?

—Juana solo quería dañarte con esa medicina, y tú la mandaste a la cárcel... ¿No crees que te pasaste? —la voz de Tobías era tan plana que no dejaba adivinar ninguna emoción.

Cristina no disimuló. Una media sonrisa gélida se dibujó en sus labios.

—Ella quería dejarme estéril. Si pasa unos años en prisión, me parece justo. Si de verdad quieres defender la justicia, ¿por qué no me entregas tú mismo? Todo fue idea mía, Ernesto no tiene nada que ver.

Tobías la jaló bruscamente, atrayéndola a su pecho. Cristina forcejeó, pero él la retuvo con fuerza, sin dejarla escapar.

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