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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 400

No sabía si Tobías había planeado el menú a propósito para ella, pero todos los platillos sobre la mesa eran justo de su agrado.

Al otro lado, la plática entre Gustavo y Tobías seguía sin pausa.

—¿Por qué de repente decidiste volver a vivir aquí? —preguntó Gustavo, con el ceño fruncido.

Tobías soltó un resoplido de fastidio.

—Si no regreso a vigilar, esta familia Jurado va a terminar hecha un desastre, y al final, igual me arrastran con ellos.

Las palabras de Tobías dejaron a Gustavo sin saber qué decir, tragando saliva incómodo.

Begoña murmuró en voz baja, sin mucha convicción:

—Eso que dice Tobías es exagerar las cosas. Al final, solo son pleitos familiares, nada que no se resuelva entre nosotros. Pero hay quienes no pueden dejar de meter la cuchara, y terminan llevando los problemas hasta la policía para que todo el pueblo se entere. Esa gente solo quiere vernos mal.

Cristina, mientras mordía un tamal, se iluminó como si hubiera descubierto algo importante.

—Así que cualquier problema, mientras se quede dentro de la familia, se puede arreglar.

Begoña le lanzó una mirada de pocas pulgas.

—¿Pues no es cierto? Yo creo que solo quieres ver a la familia Jurado en líos. Si no es por mala intención, es porque traes mala suerte.

Tobías ni se molestó en mirarla. Tranquilo, tomó una servilleta y limpió la comisura de sus labios. Su voz salió tan cortante que el silencio se sintió espeso.

—¿Entonces, según tú, si tapamos los errores hasta que apesten, se van a convertir en pan dulce? ¿En qué momento la familia Jurado cambió de reglas, y ahora importa más quién aguanta más la presión o quién tiene la lengua más apretada que la verdad?

—Soy tu cuñada, ¿cómo te atre...?

—¡Tobías tiene razón! —interrumpió Gustavo, tajante—. No olvides que todavía tienes que ir a la comisaría a aclarar lo de Juana.

El color desapareció del rostro de Begoña.

Su plan era aprovechar el desayuno para pedirle a Tobías que intercediera, evitarse ese trago amargo. Ahora veía que no le quedaba más remedio que hablar con el abogado para ver cómo deslindarse de Juana.

En ese momento, Saúl entró al comedor, fue directo a Tobías y le susurró algo al oído.

Tobías mantuvo la expresión impasible.

—Si quiere venir, que venga. ¿O esperan que le haga una fiesta de bienvenida?

—¿Quién viene, Tobías? —preguntó Gustavo, curioso.

Tobías no abrió la boca. Saúl, tras mirar el semblante de su patrón, respondió en su lugar:

Después de todo, él se había lastimado por protegerla; lo menos que podía hacer era estar a su lado.

Sin mirar a Tobías, Cristina se fue con Francisco, dejando al hombre preparado para subir al carro con la mirada oscurecida, como tragándose un enojo que no podía sacar.

...

En el hospital, Cristina esperó con paciencia mientras Francisco pasaba por cada examen.

Cuando ya casi terminaban, el doctor principal llegó apurado.

—Señor Francisco, tras consultar con los especialistas, creemos necesario que se someta a una prueba especial para revisar la función de sus nervios.

—¿Qué tiene de especial? —preguntó Francisco, algo tenso.

El doctor mantuvo la voz serena:

—Para asegurar un resultado preciso, debe quitarse toda la ropa. Además, como el procedimiento puede implicar riesgos inesperados, es necesario que alguien de confianza lo acompañe en todo momento.

Un destello complicado cruzó por los ojos de Francisco. Miró a Cristina de reojo.

Si ella aceptaba entrar con él, ¿sería una señal de que, por fin, esa noche ya no dormirían en habitaciones separadas?

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