Entrar Via

La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 414

Francisco la vio perder el control y de inmediato la sujetó para tranquilizarla.

Gustavo, pensando en el escándalo, ordenó con firmeza:

—¿Qué esperas? ¡Llévate a tu madre de regreso a la mansión Jurado!

Francisco no perdió tiempo y llamó a varias personas para que lo ayudaran a sacar a Begoña.

En cuanto ella salió, Gustavo se giró hacia Cristina y dijo, con voz contenida:

—Dime qué quieres. Hablemos.

Cristina no se alteró ni rompió en llanto. Su mirada, fija en Gustavo, era tan cortante como el filo de un machete. Detrás de esa calma se notaba el dolor de alguien completamente destrozado por dentro.

—Señor Jurado...

Su mano seguía aferrada al pantalón desgarrado, como si esa tela fuera lo único que la mantenía en pie.

—...A decir verdad, su mayor error no fue casarse con Begoña por conveniencia, sino no poder controlar a la persona que duerme a su lado.

El rostro de Gustavo se transformó, pero se quedó sin palabras.

Cristina dejó de mirarlo, tampoco se detuvo en nadie más. Por más desarreglada que estuviera, mantuvo la cabeza en alto y salió por sí misma.

Su silueta, avanzando sola por el pasillo vacío, se veía más fuerte que nunca.

Justo cuando Cristina cruzó la puerta y desapareció de la vista, Ernesto, quien había estado aguantando como podía, de pronto se desplomó en el suelo.

—¡Ernesto!

Gustavo, recién entonces, notó que su hijo estaba gravemente herido. Se puso pálido y gritó:

—¡Doctor! ¡Llamen al doctor, rápido!

...

Cristina salió del edificio anexo. Un Ferrari rojo se detuvo suavemente frente a ella.

Estaba por alejarse, pero Tobías apareció detrás de ella, la rodeó por la cintura y, sin darle opción, abrió la puerta y la hizo subir al carro.

El vehículo arrancó despacio, alejándose del hospital.

Cristina, sin ganas de discutir, se acurrucó en una esquina del asiento y fijó la mirada en los árboles que pasaban veloces por la ventana. Su voz salió plana, sin emoción alguna.

—No te preocupes por mí. Déjame sola un rato.

Pero Tobías no la soltó. Su brazo la envolvió con decisión, acercándola a su pecho. Cristina intentó apartarse, incómoda, pero él le acarició la espalda con una ternura inesperada.

—Claro que puedes arreglártelas sola, pero conmigo, te vas a recuperar más rápido.

Cristina tembló un poco entre sus brazos, pero dejó de resistirse.

—Cristi, yo no soy Octavio Lozano. Déjame cargar con tu dolor, déjame borrar tus tristezas. Mira... no importa lo que haya pasado antes, te prometo que no voy a desaparecer de tu vida. ¿Por qué no te acostumbras a tenerme cerca?

Esa coraza que Cristina había sostenido durante tanto tiempo comenzó a desmoronarse, poco a poco, al ritmo del corazón de Tobías y el calor de su abrazo.

Todavía quiso resistirse, aunque fuera un poco, pero justo entonces él le dio un beso suave y contenido en la frente, como si la cuidara.

Tobías pagó todo sin dudar.

Cristina, ya de mejor humor, le sonrió con ligereza.

—Gracias, señor Jurado, por el gasto.

Tobías arqueó las cejas, divertido.

—¿Solo me vas a agradecer con palabras?

Cristina entendió la indirecta y se puso de puntitas para besarlo.

Pero Tobías ladeó la cabeza y esquivó el beso.

Cristina se quedó extrañada mientras él la tomaba de la mano y la guiaba de vuelta al carro.

—Hoy que te ves tan bien, vamos a aprovechar para ir a recoger nuestro acta de matrimonio.

Cristina se quedó sin palabras.

Él la miró de reojo, y en su mirada se notaba una pizca de molestia.

—Así nadie podrá salir diciendo que yo me “robé” a la prometida de mi sobrino.

Lo que Tobías quería, siempre lo tomaba con todas las de la ley.

Eso de “andar de amante”, ya no iba más con él.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa