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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 426

—Señor, aquí no pintas nada. Quiero platicar con esta señorita un momento —soltó Silvia, dirigiéndose a Elián.

Elián volteó a ver a Cristina. Ella le asintió con la cabeza, así que él se apartó, pero no se fue; se quedó observando, curioso por lo que haría Silvia.

—¿Me puedes pasar el número de señor Jurado? —preguntó Silvia, con una sonrisa confiada.

Cristina apenas esbozó una sonrisa—. Hay mucha gente que quiere su número. ¿A todos se los tengo que dar?

Silvia se rio—. Dame el número a mí, yo no soy como los demás.

La miró Cristina, arqueando una ceja, sin decir nada.

Silvia insistió, con una sonrisa aún más descarada—: Los hombres que me gustan no se me escapan. Y una vez que me prueban, no pueden olvidarme.

La sonrisa de Cristina se hizo más notoria—. Parece que tienes muchos obstáculos en el camino.

Silvia entendió de inmediato que hablaba de Betina.

—No te preocupes por eso. Una niña mimada como ella no puede contra mí.

Cristina, al escucharla, sacó su celular—. Dame treinta mil pesos.

Silvia ni lo dudó; en ese mismo instante le transfirió los treinta mil.

Al terminar, Cristina se marchó junto a Elián.

Elián, sin comprender del todo la jugada, le preguntó mientras caminaban—: Si de todos modos ibas a darle el contacto, ¿por qué cobrarle?

Cristina respondió, con voz tranquila—: Cuando las cosas se obtienen gratis, nadie las valora.

Elián lo entendió todo de inmediato.

...

Silvia, con el WhatsApp de Tobías en la mano, estaba tan feliz que no podía ocultarlo.

Eligió el mejor momento —según ella— para enviarle una solicitud de amistad.

Pero Tobías solo la vio pasar; ni la aceptó ni la rechazó, simplemente la dejó en el aire.

...

Saúl entró con cautela a la oficina, llevando una carpeta—. Jefe, sobre la cumbre de almacenamiento de energía de la próxima semana... Dinámica Suprema también está en la lista de invitados. Como es la primera vez que participan...

—¿La cumbre? —interrumpió Tobías, sin levantar la vista, mientras tamborileaba sus dedos sobre la pantalla donde aparecía la solicitud de amistad, peleando con su propio mal humor.

—Primero deberían aprender las reglas más básicas. Si ni su lista de contactos pueden controlar y dejan que cualquiera les saque información, ¿qué sentido tiene hablar de almacenamiento de energía?

Saúl se quedó mudo, tragando saliva.

Betina frunció el ceño y fue directo hacia ella—. Adentro es una reunión privada. ¿Qué vienes a hacer aquí?

Silvia la miró de arriba abajo y sonrió—. ¿Por qué te pones tan a la defensiva? ¿Será que temes que yo sí logre conquistar al señor Jurado?

A Betina esa frase le caló hondo.

Sabía que Tobías jamás se fijaría en alguien como Silvia, pero también conocía de sobra las debilidades típicas de los hombres. Aunque no le gustara, si se presentaba la ocasión, hasta el más serio podía caer.

Jamás creyó que Tobías, con más de treinta años y soltero, no había tenido ninguna mujer antes.

Pero la idea de que él se desahogara con alguien como Silvia le resultaba inaceptable.

—Aunque no tengas ni idea de lo que es la vergüenza, te lo advierto: tu pinta y ese aire barato que traes encima huelen peor que un basurero. Ese círculo de adentro no es para ti. Si insistes en meterte, solo vas a pasar ridículo.

El desprecio de Betina era claro, y Silvia lo captó al vuelo.

Había pagado treinta mil pesos, y seguro que esa mujer había sido la que le bloqueó el camino con Tobías.

Pero Silvia no era de las que se dejaban pisotear.

En ese momento, justo cuando un grupo de hombres pasaba tambaleándose, Silvia elevó la voz, usando un tono pegajoso y lleno de falsa dulzura, para que todos escucharan:

—Ya sé, hermanita...

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