—Entre nosotros no hay nada que ocultar, puedes escuchar abiertamente.
Dicho esto, Tobías se fue.
Cristina notó claramente que estaba enfadado.
—Señorita Pérez…
Betina, después del bochorno inicial, recompuso su expresión y se acercó a Cristina, recuperando su porte elegante y arrogante.
—… La puerta del corazón de Tobías se entreabrió para ti, ¿y ya crees que has entrado?
Betina esbozó una sonrisa cargada de significado.
—Durante más de diez años, ha guardado a una persona en su corazón. Y tú, casualmente, con una cara parecida y una personalidad única, has entrado en su campo de visión, convirtiéndote en una sustituta aceptable. Si mi hermana estuviera muerta, el cariño que recibes podría durar un poco más, pero qué lástima…
Hizo una pausa deliberada, esperando ver el rostro de Cristina palidecer.
Pero no vio nada.
Betina, con crueldad, le reveló la sangrienta verdad palabra por palabra.
—… Es muy probable que mi hermana no esté muerta. Cuando regrese, ¿qué harás tú, la orgullosa sustituta? ¿Aceptarás con resignación el papel de «amante», viéndolos amarse, o aguantarás las náuseas y seguirás bajo él, imitando a otra persona para mendigar un poco de afecto?
Cristina la escuchó en silencio, su rostro permanecía inalterable.
Solo sus ojos, como si hubieran sido lavados con agua helada, brillaban con una intensidad penetrante.
Betina esperaba que se derrumbara, pero ella soltó una risa casi imperceptible.
Cuando habló, su voz era espeluznantemente tranquila.
—Has dicho todo esto solo para que me eche para atrás y pierda los estribos. Pero…
Dio un paso adelante, su mirada afilada desnudando el alma de Betina.
—… ¿sabes por qué no me preocupa en lo más mínimo? Porque, conociendo tu carácter, ¿cómo podrías permitir que la verdadera heredera de los Rivas regrese con vida?
La expresión triunfante de Betina se congeló en su rostro, dejándola inmóvil como una estatua.
—En lugar de perder el tiempo conmigo, señorita Rivas, sería mejor que aprobara la solicitud de mi amiga. Al fin y al cabo, esa no es mi única esperanza, pero quizás sea el único valor que usted tiene ahora mismo.
Con esa frase, desbarató cualquier intento de Betina de usar la vida de Ángela para amenazarla.
Breve y concisa: [No vuelvo esta noche].
Cristina guardó la nota, se tomó la pastilla, se duchó y se fue a dormir.
Esa noche, no se dejó afectar por las provocaciones de Betina.
Lo que casi la hizo caer en las escaleras fue un pensamiento repentino que la había sobresaltado.
En cuanto al dolor punzante en la nuca, supuso que era por la herida que aún no había sanado del todo, de cuando Francisco la había empujado contra la puerta.
No le dio más importancia.
***
Al día siguiente, Betina regresó a Clarosol de forma inexplicable.
Elián Montoya trajo las últimas noticias del laboratorio de biología.
El equipo de Clarosol había completado los exámenes complementarios de Ángela. Todos los datos serían llevados de vuelta para un análisis más profundo, pero todavía había que esperar los resultados finales de la evaluación.
***

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