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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 44

Pero para Marco, era la primera vez que veía a Octavio desatarse de esa manera.

—¿Quién más se atrevió a ponerle la mano encima a mi esposa? —La voz de Octavio era tan cortante que helaba la sangre.

Los tipos movieron la cabeza con tanta fuerza que parecían maracas.

Octavio soltó una mueca desdeñosa y, sin pensarlo, volvió a noquear de un puñetazo al rubio que apenas intentaba levantarse. Solo entonces aceptó el pañuelo que Marco le había tendido.

—Dicen que tu tío es de armas tomar, ¿no? Pues te voy a mandar con él. Ayúdame a darle un recado: que empiece a rezar por su cuenta.

Al oír eso, el rubio empezó a temblar de pies a cabeza.

Octavio se subió al carro. Por fin, tras haber soltado la rabia, la nube oscura que traía encima se disipó un poco.

Marco le ofreció una botella de agua, mirándolo con preocupación.

—Señor Lozano, si es para sacar el coraje, solo necesita decirlo. Hay muchos que se pelearían por hacerlo por usted.

Octavio se puso un poco de gel antibacterial en las manos. Sus ojos reflejaban la tranquilidad de un lago helado.

—Ellos lastimaron a mi esposa. Si no lo hacía yo mismo, no me sentiría digno de ser su marido.

Marco asintió, aunque por dentro pensó: “Te desquitaste así porque en el fondo sabes que, con la señora, no puedes ni levantar la voz”.

...

Al día siguiente, Cristina despertó y no vio a Octavio. No preguntó por él.

Solo encontró un mensaje suyo en el celular.

[Cuídate. Come bien.]

Cuatro años de matrimonio y nunca le había ocultado nada, ni siquiera el código de su celular; Octavio lo sabía todo.

Aprovechando que ella dormía, él se había sacado de la lista de bloqueados.

Pues ya qué, pensó Cristina. Ni le respondió el mensaje. Se preparó el desayuno y se fue directo al hospital.

Su abuelo ya había dejado la unidad de terapia intensiva y ahora estaba en una habitación común.

Cristina fue a buscar al doctor para solicitar el medicamento de ciento veinte mil pesos la inyección.

—¿Estás segura? Es ciento veinte mil cada mes. No se puede interrumpir el tratamiento.

Ivana regresó en ese momento con el desayuno y se topó con Cristina en la entrada.

Ivana ya no pudo sostener la presión.

—Fue que aumentaron el pago por la mudanza y justo el desarrollador tenía una promoción. Además, el hijo del jefe del pueblo terminó en la cárcel y él me buscó. Tiene conexiones con la inmobiliaria y nos la dejó al diez por ciento del precio. Que era como un tipo de compensación.

—¿El rubio ese terminó preso? —Cristina se sorprendió.

Ivana asintió.

—Te lo juro, hasta la policía vino a buscarme. Hasta el tío de ese tipo se calmó.

¿Quién podría tener tanta influencia para meter a esa gente en la cárcel?

Solo Octavio. Nadie más haría tanto por ella.

De repente, Cristina ya no supo qué sentir. Ivana, en cambio, empezó a regañarla.

—El señor Lozano te ama tanto, ¿por qué quieres divorciarte? Con él a tu lado, nadie en Valenciora se atrevería a hacerte nada. El dinero de los medicamentos de tu abuelo ni tendría que preocuparte. Un hombre así, ¿de verdad lo vas a dejar ir? ¿Estás loca o qué?

Pero antes de que Cristina pudiera contestar, vieron a Marisol entrando al hospital, cargando un termo grande, siguiéndole los pasos a Octavio.

Cristina se quedó helada. ¿No que se suponía que anoche la habían mandado lejos?

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