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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 448

Hizo una pausa y añadió deliberadamente: —Secreto absoluto, incluso para Tobías.

Al oír esto, la expresión juguetona de Lidia desapareció.

Reflexionó un momento, se enderezó y le dio una respuesta clara y precisa.

—Entendido. Mi deber es proteger su seguridad. Si el señor Jurado, como mi jefe, pregunta por su integridad física, le informaré con la verdad. Pero aparte de eso, lo que usted no me permita decir, no saldrá de mi boca.

Esa respuesta respetaba tanto sus obligaciones como guardaespaldas hacia su empleador principal como la privacidad de Cristina, a quien protegía directamente.

Cristina aprobó esa respuesta tan medida.

—Entonces, quedamos en eso. Y no me llames «jefa». Soy dos años mayor que tú, llámame Cristina.

En los ojos siempre alertas de Lidia, brilló una fugaz emoción.

Abrió la boca, pero ese simple cambio de nombre parecía desconcertarla más que una situación de emergencia.

Cristina notó su nerviosismo y, mientras se dirigían al estacionamiento, añadió: —Déjalo para la próxima vez que te animes.

Lidia, un poco avergonzada, se tocó la nariz y la siguió a paso rápido.

***

Cuando Cristina regresó a la mansión Jurado, no había nadie más que Francisco en el salón, como si la estuviera esperando.

—Fui a buscarte a la oficina, me dijeron que te habías ido antes.

El trabajo de Lidia de mantener el secreto había sido impecable; la noticia del accidente no había llegado a oídos de los Jurado.

Cristina respondió con indiferencia: —Fui a arreglarme el pelo.

—Deberías haberme avisado.

—No me gusta tener que reportar cada uno de mis movimientos.

Sin prestar atención a su expresión, Cristina subió las escaleras.

—¡Cristina! —la llamó Francisco, su voz teñida de indignación—. ¿Hasta cuándo vas a seguir con esta guerra fría?

Cristina no respondió. Al entrar en su habitación, notó que la loción corporal que había dejado por la mañana había sido movida.

Francisco llegó a la puerta justo en ese momento. Ella se giró y le dijo: —Ya te dije que no necesito que nadie arregle mi cuarto.

Francisco le restó importancia. —Fue mi tío quien le pidió a una empleada que ordenara un poco.

¿Qué hacía Román en su habitación?

Cristina guardó silencio por un instante, y su mirada hacia Francisco se volvió fría.

En el patio trasero de la mansión había una piscina de dos metros de profundidad.

Según Camila, en su decimoctavo cumpleaños, cayó accidentalmente al agua y fue Francisco quien la rescató. Esa misma noche, tuvieron su primera vez.

Un suceso tan memorable era lo que Cristina planeaba «recrear» para estimular la memoria confusa de Francisco.

Al atardecer, Cristina le envió un mensaje a Francisco, pidiéndole que fuera a la piscina.

Cuando Francisco llegó, vio a Camila, vestida con un traje blanco, de pie junto al borde de la piscina. «Accidentalmente», resbaló y, con un grito, cayó al agua, comenzando a forcejear.

Sin embargo, Francisco solo frunció el ceño. Al no ver a nadie a quien pedir ayuda, sacó su teléfono con la intención de llamar a alguien para que la rescatara.

Cristina, al ver esto y temiendo que Camila sufriera un aborto si se esforzaba demasiado, salió corriendo de detrás de unos arbustos y se lanzó a la piscina.

En el instante en que entró en el agua, las pupilas de Francisco se contrajeron. Arrojó el teléfono y, sin dudarlo, saltó tras ella…

Poco después, los empleados de la casa acudieron al oír el alboroto y, entre todos, ayudaron a los tres a salir del agua.

Román también se acercó rápidamente y ordenó a los empleados: —¡Rápido, ayuden a levantar al joven amo y a la señorita Pérez!

Dicho esto, le tendió la mano a Cristina.

***

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