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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 454

Matías miraba las capturas de pantalla de la conversación, impresas como fotografías, con las manos temblando sin control.

Y la voz de Tobías continuaba.

—…La otra parte prometió saldar todas sus deudas a cambio de que él provocara una explosión durante la prueba de las nuevas baterías de Dinámica Suprema para herir a Cristina. Las cámaras de seguridad grabaron todo su comportamiento durante la prueba. Las fotos que estás viendo son capturas de ese momento.

La evidencia irrefutable desinfló la arrogancia de Matías al instante.

—Esto… —logró captar un punto clave—. ¡Aquí dice que solo quería que Cristina saliera herida, no que mereciera morir! ¡Cristina no tenía por qué matarlo!

Tobías esbozó una sonrisa gélida.

—Quería provocar un pequeño accidente, pero como no tenía ni la más remota idea sobre los nuevos materiales, terminó mandándose derechito al otro barrio. Tú le compraste el título universitario, tú le consentiste su adicción al juego, y ahora que jugó con fuego y se quemó, vienes a echarle toda la culpa a otros. Matías, qué padre tan «intachable» eres, ¿eh?

El rostro de Matías pasó del verde al blanco.

Tobías ni siquiera se molestó en seguir perdiendo el tiempo con gente así.

—Si quieres conservar algo de dignidad, solo te queda un camino: coopera con la policía para que el peritaje del accidente sea imparcial. De lo contrario, si yo me encargo, ni los vivos ni los muertos saldrán bien parados.

Matías se quedó paralizado unos segundos, apretó el sobre con fuerza y dijo entre dientes:

—Ya sé lo que tengo que hacer.

Se bajó del carro tambaleándose y, justo en ese momento, vio a Cristina salir de la comisaría.

Sus miradas se cruzaron. Matías soltó un bufido y, con arrogancia, levantó la barbilla y entró en el edificio.

Cristina caminó con paso tranquilo directamente hacia el carro, abrió la puerta y se sentó.

Tobías estaba recostado en el asiento trasero con las piernas cruzadas, tamborileando con los dedos en la rodilla, su expresión tan serena como de costumbre.

—¿No te hicieron pasar un mal rato?

—Saúl llegó rápido, no les dio oportunidad —respondió Cristina.

Tobías asintió.

Ella lo observó en silencio, contemplando su perfil. Como si lo hubiera sentido, él giró la cabeza.

—¿Qué quieres preguntar?

La estrechó entre sus brazos y le dio un beso en la frente.

Saúl regresó al carro y, al verlos abrazados en silencio, desvió la mirada de inmediato. Se sentó correctamente en el asiento del conductor, se abrochó el cinturón de seguridad e informó:

—Fue Román quien sobornó a los de adentro, pero ya está todo solucionado.

Cristina sorbió por la nariz e intentó apartarse de su abrazo, pero él la sujetó con más fuerza contra su pecho.

No le quedó más remedio que preguntar con la voz ahogada contra su cuerpo:

—¿Quién le dio la orden a Antonio? ¿Y por qué Román está tan empeñado en que yo vaya a la cárcel? ¿Por qué todos la traen contra mí?

Tobías jugueteaba distraídamente con un mechón de su cabello, su tono era tranquilo, sin la menor ondulación.

—No es más que una lucha interna en la familia Jurado. Para los de afuera, tu identidad es la de la prometida de Francisco, es inevitable que te veas envuelta en estas intrigas.

Mientras hablaba, bajó la cabeza para mirarla fijamente.

—Así que, ¿cuándo piensas terminar esa relación con mi sobrino?

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