Gustavo, que ya estaba agobiado por los problemas con Clarosol, estalló en cólera al escuchar las palabras de Cristina. Se giró para mirar a Begoña.
—¿Es verdad lo que dice?
—Por supuesto que no —negó Begoña rápidamente.
Apenas terminó de hablar, desde el celular de Cristina comenzó a sonar una grabación de la propia Begoña.
«Román, mientras Cristina esté en la familia Jurado un día más, yo no tendré paz…».
«…Tu cuñado ha hecho crecer tanto la empresa que esto ni le hará un rasguño».
Era la conversación que Begoña había tenido con Román y Francisco en su habitación el día antes del incidente.
Al terminar de escuchar, la emoción de Gustavo ya no podía describirse como simple ira.
Cristina sonrió levemente.
—Señor Jurado, qué esposa tan «ilustre» se ha conseguido.
—¡Cristina, deja de sembrar cizaña! ¿Quieres que ahora mismo te entregue personalmente a…?
—¡Basta!
Las palabras indignadas de Román fueron interrumpidas por la voz grave de Gustavo.
—Román, sin importar si Tobías la ha investigado o no, la entregaste a los enemigos de la familia Rivas. Si resulta que ella es de los Rivas, ¿quieres que rompa relaciones por completo con ellos? ¿Ni siquiera te importa que Francisco no pueda tener descendencia?
El rostro de Román palideció ante sus palabras.
—Estos años, ustedes, los Muñoz, han sacado más que suficiente de mí. A partir de hoy, todos los proyectos de colaboración entre la familia Muñoz y la familia Jurado quedan suspendidos. Puedo soportar las pérdidas de Clarosol, y también puedo asumir el costo de romper lazos con ustedes.
Dicho esto, Gustavo salió de la habitación.
Perder el respaldo de la familia Jurado era, para los Muñoz, como perder su gallina de los huevos de oro.
—Cuñado, déjame que te explique…
Cuando vio que dentro había una masa sanguinolenta, la tiró al suelo al instante y luego recogió el informe para leerlo.
La cara de Ivana todavía estaba hinchada. Soltó un bufido.
—Begoña no es trigo limpio, pero tú también eres un animal. Hasta a tu propio hijo abandonas.
—Esto… todavía no estaba formado, no digas tonterías.
Gustavo miraba la conclusión del informe, con el ceño cada vez más fruncido.
—¡Él tenía la oportunidad de nacer! ¡Fue tu esposa! Cuando se enteró de mi embarazo, primero engatusó a Pato para que buscara a Manuel, y luego me atrajo a mí deliberadamente para que los hombres de Manuel nos golpearan hasta matarnos. Gustavo, ¡felicidades, tu esposa acaba de arruinar a otro de tus hijos!
Gustavo miró la bolsa médica en el suelo, su mano que sostenía el informe temblaba ligeramente.
—¡Zorra despreciable, inventas mentiras para difamarme y quedarte con la fortuna de los Jurado! ¡Hoy te voy a romper esa boca para que aprendas de una vez por todas lo que pasa cuando te metes con mi hombre!
Begoña salió corriendo de la habitación, furiosa, y levantó la mano para golpear a Ivana.

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