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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 482

Francisco, incrédulo, recogió del suelo el informe del aborto. Estaba tan sorprendido que no sabía ni cómo se llamaba.

—Tú… ¿pudiste quedar embarazada de mí de forma natural?

Camila se mordió el labio.

—El padre de mi hijo nunca sería alguien como tú.

Dicho esto, miró a Cristina. También tenían sus diferencias, pero ella había sido la que se equivocó primero.

Sin decirle nada a Cristina, se dio la vuelta y salió de la habitación.

Al salir, casi choca con Gustavo.

La mirada de Camila vaciló por un instante, pero finalmente reunió el valor, le lanzó una mirada fulminante a Gustavo y se fue corriendo.

Francisco salió tras ella, pero se detuvo al ver a su padre.

Gustavo, que ya venía furioso por la discusión con Tobías, recibió este nuevo golpe.

—¡Eres un desgraciado! —explotó—. Con o sin lazos de sangre, ¡es la hija de tu tío, tu prima! Y yo que tanto confiaba en ti… ¡has dejado el nombre de la familia Jurado por los suelos!

Francisco no intentó justificar su relación con Camila.

—Papá, lo nuestro es de verdad —dijo en voz baja.

—¡De verdad mis narices! Cuando tu tío se entere de que te metiste con su hija, te va a matar.

Gustavo estaba tan enojado que empezó a maldecir.

En medio del caos, Tobías los rodeó con calma y entró en la habitación.

—Señora Jurado, ¿nos vamos?

Cristina asintió con una leve sonrisa.

Bajo la mirada atónita de Gustavo y Francisco, Tobías tomó la mano de Cristina.

—Permítanme hacer la presentación oficial. Cristina, mi esposa.

Gustavo, como si lo hubiera alcanzado un rayo, retrocedió un paso, con el rostro sin una gota de sangre.

Francisco sintió que el mundo se le venía encima.

—Tío, ¿desde cuándo están juntos?

Tobías recorrió con la mirada el rostro contraído de su sobrino.

—Desde antes de que te dieras el golpe en la cabeza y confundieras a mi esposa con tu prometida —dijo con frialdad—. Ella ya era mía.

Hizo una pausa, y una sombra de burla apareció en sus ojos.

—Son mi familia, tienen que saberlo. Se los tenía que decir y punto, no me importa si lo soportan o no.

Cristina casi se echa a reír.

Luego, Tobías condujo de regreso a su apartamento.

Al entrar, lo primero que hizo fue buscar el pastillero y contar las píldoras.

Al ver que Cristina las había estado tomando a diario, su ceño fruncido se relajó.

—Qué obediente, te tomaste tus medicinas.

Se giró y, con total naturalidad, abrazó a Cristina, que se había acercado. Apoyó la barbilla en su cabeza, y su voz denotaba un cansancio y un alivio casi imperceptibles.

—¿Has comido a tus horas?

Cristina se dejó abrazar, sin corresponder al gesto ni responder a su pregunta.

Tras unos segundos de silencio, preguntó con frialdad:

—¿Por qué pagaste la fianza de Camila?

***

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