—¡Tú eres el que tiene esquizofrenia!
Betina lo gritó sin convicción y luego dirigió su furia hacia Leonardo.
—¿A qué te mandó mi madre?
—Señorita, por favor, no pregunte.
Leonardo realmente no esperaba que esa señorita Pérez fuera tan desconfiada, ni que se atreviera a arrancarle el traje de protección sin importarle las apariencias.
La misión había fracasado, y él se sentía humillado. Pero las reglas de la familia Rivas le impedían traicionar a la señora Rivas.
—Cuando veas a mi madre, ya sabes qué debes decir y qué no, ¿entiendes?
Leonardo apretó los labios, sin responder.
A Betina se le formó un nudo de ira en el pecho que le dolía hasta en los pulmones.
***
Cuando Cristina llegó a la planta baja, Lidia ya la esperaba con el carro y notó de inmediato la herida en el dorso de su mano.
—¿Cómo te hiciste eso? —preguntó Lidia.
Cristina se subió al asiento del copiloto, abrió la guantera, sacó un poco de yodo y se lo roció.
—Fue Betina.
—¿Lo ves? ¿Qué harías sin mí?
Lidia arrancó el carro.
Cristina sacó su celular. Iba a mandar un mensaje, pero al final decidió llamar.
Tobías tardó un buen rato en contestar, y cuando lo hizo, su voz era apenas un susurro.
—¿Me extrañaste?
El ánimo sombrío de Cristina se disipó como la niebla ante sus palabras.
—Vi en internet varias quejas sobre disputas en los ensayos clínicos de BioInnovación que nadie está atendiendo —dijo en voz baja—. ¿Hay alguien que pueda encargarse de eso?
Tobías no respondió.
Cristina sabía por qué.
—Te extraño.
Al otro lado de la línea, el hombre soltó una risa grave y profunda.
Cambió de tema abruptamente.
—Al impedir de esta manera que le hagan una prueba de ADN a Cristina, ¿no le estás diciendo a todo el mundo que ella es la heredera perdida de la familia Rivas?
La expresión de Tobías no cambió mientras servía el té lentamente.
—Si mis intenciones fueran tan fáciles de adivinar, no habrías tardado tanto en poder, a duras penas, sentarte a la misma mesa que yo.
Alexander no le dio importancia a su menosprecio. Un brillo astuto cruzó sus ojos.
—¿Así que ya sabes dónde está la verdadera heredera de la familia Rivas?
Tobías no respondió.
Alexander se inclinó hacia adelante y bajó la voz.
—¿Planeas usarla como moneda de cambio para chantajear a las familias Anaya y Rivas?
Tobías siguió sin responder.
Alexander se inclinó aún más, apoyando los codos en las rodillas, cada vez más interesado.
—Entonces, ¿planeas usar a la heredera de la familia Rivas como chantaje para obligar a Adam Rivas a entregar los datos, compensar su error del pasado, obtener un ascenso y luego reemplazar a mi tío abuelo como el que dicta las reglas?

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