Dicho esto, atravesó la multitud y, con una expresión llena de compasión, interrumpió el llanto de Celeste.
—Vaya, ¿no es esa Olivia? ¿Qué porquería comió para ponerse así?
Olivia, inmovilizada por su madre, se sentía fatal. Empujó a la mujer y sollozó:
—Fue Salomé... ¡Ella me dio la bebida con droga! Yo... sin un hombre me voy a morir.
Al escuchar esto, la sala estalló en murmullos.
—¿Salomé? ¿La hija de los Rivas?
—Claro que es ella, hoy es la única que vino con la señora Rivas.
—¡Dios mío! ¿Cómo puede hacerle eso a otra chica? Qué perra...
—Eso es un delito, ¿no?
La señora Rivas ensombreció el rostro.
En cuanto apareció Lidia, supo que el asunto de hoy no podía desligarse de Cristina.
Y, como era de esperarse, Celeste dirigió su mirada hacia Salomé de inmediato.
Su hija no podía haber sido expuesta en vano; al fin había encontrado a un chivo expiatorio y podía sacar una buena tajada.
—Señorita Salomé, sé que le gusta el señor Jurado y que envidia la belleza de mi hija, pero Olivia no tiene ninguna intención indecente con el señor Jurado. ¿Cómo pudo arruinar su inocencia de esta manera? Ella... ella aún no se ha casado.
Esas palabras no hicieron más que revivir el escándalo de que a Salomé le gustaba un hombre casado, y todos volvieron a criticarla.
—¿Cómo una familia tan prestigiosa como los Rivas pudo criar a una hija así?
—Exacto, los padres son expertos respetados, pero consienten que su hija ande tras el marido de otra.
—Con esa podredumbre por dentro, que los Rivas no presuman más de su moralidad intachable. ¡Qué vergüenza!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa