Entrar Via

La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 569

Las pupilas de Cristina se contrajeron ligeramente. El viento aullaba con fuerza y, abajo, el mar negro se agitaba con violencia. Saltar ahí significaba que, incluso si le lanzaban un salvavidas de inmediato, las esperanzas de sobrevivir eran mínimas.

—No estoy bromeando, Cristi.

En cuanto Eduardo terminó de hablar, se escuchó el rugido del motor de una lancha a lo lejos...

La lancha se acercó rápidamente, la luz potente se disipó y la figura esbelta de Octavio Lozano apareció en la proa.

Al ver a Eduardo tan cerca de ella, su rostro se oscureció.

—Cristi, ven acá.

Los ojos de Cristina se apagaron por un instante y respondió:

—No acostumbro a elegir entre las opciones que me dan otros.

Incluso acorralada de esa manera, se negaba a ceder.

Octavio soltó una risa, divertido por su terquedad, y subió al yate.

Eduardo dio un paso al frente de inmediato, bloqueando a Cristina.

—El señor Lozano es una figura respetable, ¿pero venir a altamar a forzar a alguien? ¿Le parece correcto?

Octavio soltó un bufido de desdén.

—Traer a alguien al mar y obligarla a saltar si no acepta tus condiciones, ¿te parece muy romántico?

El párpado de Eduardo tembló, pero la incomodidad duró solo un segundo.

—Ustedes ya están divorciados. No dejaré que la toques de nuevo.

Octavio se rió, ni siquiera se molestó en responderle.

Varos guardaespaldas que subieron con él rodearon rápidamente a Eduardo y lo sometieron.

—¡Si me tocas, atente a las consecuencias!

Eduardo, incapaz de liberarse, tenía los ojos inyectados de furia.

Octavio lo ignoró por completo y caminó directamente hacia Cristina.

—¿Vienes por tu propio pie o te cargo?

Cristina estaba a punto de hablar cuando sintió un golpe seco en la nuca.

—Estas «cosas» son de un gusto demasiado vulgar. Ponerlas aquí es realmente desagradable a la vista.

Tobías curvó los labios en una leve sonrisa.

—Pistolas de pulso «H-SP», ni los profesionales las tienen todavía. Estas personas tomaron el camino equivocado, y pensé que sería más apropiado entregárselas a usted para que las discipline. Después de todo, las reglas no deben romperse.

Hilario dejó la taza de té, se recargó en el respaldo y cruzó las manos frente a él.

—Todavía eres demasiado joven. Hay cosas que se ven bonitas, pero no siempre se pueden sostener en la mano por mucho tiempo. Si las tienes mucho tiempo... cuidado con quemarte.

La sonrisa en el rostro de Tobías no disminuyó.

—Soy una persona protectora. Ella se asustó, y esta ofensa la tengo anotada. El que escapó, y la gente detrás de él, a partir de ahora no tendrán paz. Aunque el señor Castillo es mayor y respetable, también sufrió pérdidas a manos de Jael en el pasado. Usted, mejor que nadie, debe saber qué se puede tocar y qué cosas ni siquiera se deben pensar.

Los músculos de la cara de Hilario se tensaron por un instante, pero enseguida recuperó la normalidad.

—Tobías, no digas tonterías sin pruebas. Las acusaciones falsas conllevan responsabilidad legal.

Tobías se puso de pie.

—Una disculpa, pasó hace tanto tiempo que quizá recordé mal y no fue usted quien persiguió a Jael. De cualquier modo, quédese con estas «obras de arte». Lamento haberlo molestado tan tarde.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Revancha de una Ex-Ama de Casa