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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 571

—Llegó bastante rápido.

Octavio suspiró, buscó un chal y se lo puso sobre los hombros con firmeza antes de abrir la puerta.

Cristina caminó rápidamente hacia el patio delantero. Lo primero que vio fue una camioneta táctica blindada estacionada sobre el césped, aplastándolo.

Aunque no tenía insignias claras, su estética agresiva y única dejaba claro que provenía de un departamento especial que no debía subestimarse.

Al verla aparecer, la puerta de la camioneta se abrió de golpe.

Tobías bajó del vehículo.

El hombre mantenía su postura erguida, sin mostrar rastro de enfermedad. Su mirada la recorrió de pies a cabeza, examinándola.

La máscara de calma que Cristina intentaba mantener pareció agrietarse. Movió los labios, pero no dijo nada; simplemente se quitó el chal, lo tiró al suelo y corrió hacia él.

Pero a mitad del camino se detuvo.

¿Por qué estaba tan nerviosa?

Se suponía que no había pasado nada entre ella y Octavio, pero el hecho de haber estado ahí era innegable y difícil de defender.

Si él no le creía, ¿tendría que jurar o suplicarle de forma histérica para que confiara en ella?

Dar explicaciones desesperadas era como humillarse.

Su inocencia no necesitaba ser probada ante nadie.

Tobías, al ver que ella se detenía, frunció levemente el ceño y caminó hacia ella a zancadas.

Justo cuando iba a hablar, sopló una ráfaga de viento frío.

Sin decir palabra, se quitó el saco y se lo puso sobre los hombros.

—¿Te pasó algo?

Quizás por miedo a asustarla, bajó mucho el tono de voz.

Cristina abrió la boca, pero el «no» rotundo se le atoró en la garganta.

Sentía que no, pero habiendo estado inconsciente, tampoco podía estar cien por ciento segura.

Se envolvió en el saco de él y susurró:

—Según yo, no pasó nada.

Tobías entendió al instante su vacilación. Su mirada se volvió gélida y miró a Octavio con ojos afilados como cuchillos.

—Un exmarido debe tener límites de exmarido.

Sin embargo, no tenía intención de matarlo. Se detuvo a tiempo y soltó a Octavio.

Octavio tosió fuertemente varias veces, se dejó caer sentado en el borde del banco y se rió por lo bajo:

—Perder contra ti no es vergonzoso.

Tobías, aguantando el dolor en la espalda, también se sentó en un banco de piedra.

Pero mantuvo la postura tan recta que nadie podría sospechar su condición real.

—Sé que no tienes las agallas para tocarla, pero no me gustó nada que la secuestraras y la trajeras aquí.

—Tobías —Octavio se limpió la sangre de la comisura de los labios—, soy un hombre normal, y además sigo profundamente enamorado de mi exmujer.

La mano que Tobías tenía sobre la pierna se cerró en un puño al instante.

Estaba a punto de reaccionar cuando vio que Octavio hacía una seña hacia un lado. Marco se acercó con un sobre en la mano.

—Señor Jurado, este es el reporte médico de la señorita Pérez.

Hizo una pausa y agregó:

—Fue un examen no invasivo.

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