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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 585

Lidia se fue y al poco rato regresó cargando a una mujer.

Tiró a Betina junto al coche. Ella miró a Cristina con furia.

—Mi mamá está en urgencias, ¿con qué derecho me traes aquí?

Cristina bajó del auto, se quitó un zapato y se lo estampó directamente en la cara.

—Cristina, ¿estás loca? Pelear así con los Rivas, tú…

No terminó de hablar cuando recibió otro zapatazo en el otro lado de la cara.

Después de dos golpes, Betina se quebró, se cubrió la cara y retrocedió, sin atreverse a decir nada más.

Cristina se detuvo y soltó una risa fría.

—Creí que serías un poco más lista que Salomé, pero resulta que no mereces ni que me ensucie las manos pegándote.

Betina se mordió el labio con odio, pero al ver el zapato en la mano de Cristina, solo pudo decir temblando:

—Tú misma te buscaste el problema con Salomé, ¿por qué te desquitas conmigo?

Apenas terminó la frase, Cristina le dio otro zapatazo en la boca.

—¿Crees que tus trucos de tirar la piedra y esconder la mano engañan a alguien?

Betina tenía la boca hinchada y le sangraba la nariz; se veía fatal.

Pero la voz de Cristina se volvió aún más fría.

—Usar el dolor de una madre para provocar a la señora Rivas y lograr tus objetivos sucios; e incluso matar a alguien que creció contigo y que era tu hermana, solo para estorbarme… ¿te crees humana?

Betina sintió pánico.

Sabía que Cristina sospecharía de ella por la muerte de Salomé.

Por eso tenía preparado un discurso, pensaba decirlo frente a Tobías para ganarse su simpatía.

Pero Cristina no jugó según las reglas y empezó con una paliza directa…

Justo cuando Betina no sabía cómo acabar con esa tortura, sonó el «ding» del elevador cercano.

Al ver quién salía, se le iluminaron los ojos.

Betina alzó la voz de inmediato:

—¡Cristina, mientes! ¡Tú orillaste a Salomé a la muerte! Ella era inocente, tenías miedo de que te quitara a Tobías y la torturaste psicológicamente…

—Veo que fue un error dejarte los dientes de enfrente.

Betina se quedó muda.

No dijo ni una grosería, pero cada palabra fue un insulto.

Cristina tiró el zapato al suelo y se lo puso.

—Tobías, entre más la defiendas, menos la voy a soltar. La voy a madrear cada vez que la vea. Si tienes tanto corazón, quédate a cuidar a este animalito.

Dicho esto, se dio la vuelta, abrió la puerta del coche y se sentó atrás.

Lidia corrió a subirse al asiento del conductor.

El auto arrancó y desapareció rápidamente en la curva de la salida del estacionamiento.

Tobías tenía la cara sombría y el ceño más fruncido.

Betina, desde el suelo, actuó aún más débil.

Cristina ya se había ido, así que ahora sí él la cargaría con ternura, ¿no?

Justo cuando iba a quejarse de dolor, vio que Tobías giraba la cabeza y le ordenaba a Santiago:

—Mándala arriba a que la curen.

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