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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 63

—¿Por qué tomó tanto mi cuñada? Voy a preparar una sopa para la resaca.

El rostro de preocupación de Marisol no logró arrancarle ni una mirada a Octavio; ni siquiera se dignó a responderle.

Sin más remedio, Marisol lo siguió hasta la recámara principal.

Eso sí, tuvo el suficiente sentido común para quedarse quieta en la puerta, sin entrar.

Octavio acomodó a Cristina en la cama. Cuando se disponía a cerrar la puerta y ayudarla a quitarse la ropa, notó que Marisol seguía ahí, sin moverse.

Caminó hasta la entrada, y Marisol apretó los labios, nerviosa.

—Hermano, cada vez veo peor a Cristina. Que me odie no importa, pero no quiero que siga pensando mal de ti. Mejor déjame irme a vivir a otro lado, de preferencia cerca del hospital, así podré cuidar de mamá.

Su tono buscaba lástima, pero para su sorpresa, Octavio asintió de inmediato.

—Tienes razón. Vivir aquí contigo no le ayuda a tu salud y también la pone nerviosa a ella.

Los ojos de Marisol se abrieron de golpe, como si le hubieran dado una bofetada en plena cara.

—De hecho, ya estoy buscando un nuevo lugar para ti, y también te conseguí un psicólogo. Marisol, cuídate y recupérate pronto.

Sin más, Octavio cerró la puerta.

...

A Marisol se le hizo un nudo en la garganta.

Repasó en su mente todo lo que había hecho esa noche.

Siempre se había sentido en desventaja, y recordaba cómo en la madrugada Octavio estaba tan furioso con Cristina que apretaba los dientes de rabia. ¿Por qué, en cuanto la trajo de vuelta, ya no era igual?

Lo que ella no sabía era que, al ver que Cristina estaba justo en el mismo lugar de la playa donde ocurrió el accidente, la rabia de Octavio desapareció al instante.

Cuando Octavio cerró la puerta y se volteó, vio a Cristina arrastrándose para ponerse de pie, tambaleándose rumbo al baño.

Cristina tenía una manía: no podía meterse a la cama después de salir si no se bañaba y se cambiaba de ropa.

Octavio quiso ayudarla, pero ella lo apartó de un manotazo.

—Apestas, tú y todo lo que tocas. ¿No te basta con ensuciarme? ¿Todavía quieres venir a molestarme?

Los ojos de Octavio se volvieron más oscuros, como si una tormenta se asomara detrás de su mirada.

Solo tardó unos segundos en recuperar la calma.

—Ya deja los celos, solo la cargué para ayudarla, ni lo pensé.

Cristina lanzó una sonrisa cargada de sarcasmo.

Del otro lado, Ivana parecía ocupada, pero contestó de inmediato.

—Cristi, tranquila, tu abuelo ya está en casa y todo bien. Está muy animado, acabo de dejarlo instalado y le encantó el lugar. Cuando tengas tiempo, ven a verlo.

—Perfecto, mándame la dirección y en un rato paso.

El abuelo acababa de mudarse, y aunque Ivana decía que todo estaba bien, Cristina prefería ir a asegurarse.

Sin embargo, le llamó la atención lo amable que Ivana estaba de repente, casi como si quisiera llevarse el premio a la nuera del año.

No le dio demasiada importancia. Mientras bajaba las escaleras, se topó con Marisol.

Marisol, con un aire de víctima, estaba repantigada en el sillón. Apenas vio a Cristina, se paró de golpe.

—Perdón por lo de anoche, cuñada. Te asusté, fue mi culpa, no pude controlar mis emociones… Sé que estás enojada por lo de Emilio, yo…

Cristina no tenía paciencia para sus actuaciones. Señaló la cámara de seguridad con el dedo.

—Pon atención a cómo muevo la boca, no vaya a ser que luego alguien edite el video y termine yo siendo la mala.

Y, enderezándose, le habló directo a la cámara, aunque todos sabían que el mensaje era para Marisol.

—Mira, aquí no vengas a dar lástima. Ya te sabemos todas las estrategias, invéntate algo nuevo.

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