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La Revancha de una Ex-Ama de Casa romance Capítulo 71

Al final, fue Valeria quien logró que Marisol se levantara.

Después de todo lo que había pasado esa noche, Marisol seguía muy alterada al despertar. No soltaba el brazo de Octavio ni por un segundo.

—Hermano, ¿mi mamá va a estar bien?

—No te preocupes, los doctores se encargarán de todo —respondió Octavio, con un tono mucho más distante de lo habitual.

Abrió la puerta trasera del carro y, sin más, la empujó suavemente para que subiera.

Cristina, que observaba la escena, no entendía por qué Marisol no se peleaba por el asiento del copiloto junto a Octavio. Pero al verla aferrada a su brazo, temblando de pies a cabeza, la escuchó suplicar:

—Hermano, dame mis medicinas, ya no puedo controlar esto.

El semblante de Octavio cambió de inmediato. Hizo una seña a Valeria para que sacara las pastillas y él mismo se las dio en la mano.

Aun así, Marisol no mejoró enseguida después de tomar el medicamento. Octavio revisó la hora y, sin dudarlo, le dijo a Cristina:

—Tú maneja.

Y se sentó en el asiento de atrás.

Cristina no pudo evitar reírse por lo bajo.

Pensó que Marisol tenía algo de cerebro, pero su mayor error era seguir peleando por un hombre que ni siquiera la quería.

...

Al llegar al hospital, Julieta seguía inconsciente.

Sebastián y un doctor estaban frente a la puerta de la habitación.

Apenas vio a Cristina, Sebastián se le iluminó la mirada y se acercó a tomarle la mano.

—Cristi, qué bueno que llegaste, tu suegra te necesita.

Al darse cuenta de que algunas cosas no debía decirlas él, miró al doctor en busca de ayuda.

El médico, un hombre de unos treinta y tantos años, retomó la conversación:

—La paciente tuvo una caída en sus plaquetas. Es urgente hacerle una transfusión de plaquetas tipo O, de lo contrario, su vida corre peligro.

Marisol sintió como si el mundo se le viniera encima.

—¿Pero cómo puede pasar eso? Mi mamá solo tiene cáncer de ovario, ¿por qué ahora hay problemas con las plaquetas?

—Es difícil saber la causa exacta —explicó el doctor—. Pero la cirugía de mañana tendrá que posponerse. Puede sufrir una hemorragia en cualquier momento. En el hospital no tenemos plaquetas tipo O, así que deben buscar a alguien que pueda donar, y rápido.

Cristina escuchaba atenta las indicaciones, pero en cuanto oyó eso, su mirada se endureció. Observó al doctor con una expresión seria, como si estuviera pensando en algo más.

—Doctor López, usted es el profesional aquí. Espero que sea responsable con lo que dice.

Óscar López parecía incómodo.

—La situación es la que les expliqué. Yo debo continuar con mis rondas. Si deciden hacer la transfusión, vengan a buscarme cuanto antes.

Apenas se fue, Cristina estuvo más segura que nunca de que todo era una trampa.

Incluso llegó a dudar de si Julieta en verdad estaba tan enferma.

En cuanto el doctor cerró la puerta, Julieta abrió los ojos en la habitación.

Marisol corrió hacia ella, se arrodilló junto a la cama y le tomó la mano.

—Mamá, ¿qué te duele?

Julieta estaba tan pálida que parecía lavada con cloro.

—Marisol, siento que ya no me queda mucho tiempo. Cristina no me quiere y en la familia Lozano nadie me respeta. No va a ayudarme, no le insistas.

Hizo una pausa, su voz temblaba.

—Lo que más me preocupa ahora eres tú. Todavía no tienes un futuro asegurado...

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