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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 36

Estos halagos descarados y la humillante comparación fueron como puñales directos a los oídos de Luna. Apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas impecables se clavaron en sus palmas, sacándole un par de gotas de sangre.

¡Todo el protagonismo que tenía hace un minuto había sido despedazado por Mila!

Lanzó una mirada llena de odio hacia donde estaban Lucía y Valeria.

Sus dedos volaron sobre la pantalla de su teléfono con incrustaciones de diamantes:

*«Lucía, Valeria, el abuelo solo le hizo caso a ella... Tengo mucho miedo. Aunque me alegro por ella, me aterra pensar que ya no habrá un lugar para mí en esta casa... Ustedes son mis mejores amigas y sé que me entienden.»*

Enviar.

Lucía y Valeria se miraron. Al leer ese mensaje de víctima sufrida, y luego ver a Mila rodeada de atención, ¡sintieron una furia incontrolable por defender a su amiga!

—¡Qué perra! ¡Luna es un pan de Dios, no es justo que la traten así! —masculló Lucía.

—¡Esa delincuente asquerosa no tiene derecho a opacar a Luna! ¡Ahorita va a ver cómo la ponemos en su lugar! —los ojos de Valeria ardían de malicia.

En un rincón, Luna bajó la mirada. Bajo la sombra de sus largas pestañas, una sonrisa maquiavélica y retorcida apareció en sus labios.

El verdadero espectáculo apenas comenzaba.

Bajo los reflectores, la figura imponente de Don Nicolás y la presencia gélida de Mila estaban juntas, proyectando la imagen del traspaso de poder de la familia.

—Señores —la voz firme de Don Nicolás resonó por los altavoces—. ¡Agradezco su presencia! ¡Esta noche estamos aquí para ser testigos del regreso de mi nieta biológica, Mila Quiroz, a su legítima familia!

Apretó la mano de Mila con fuerza. Un respaldo absoluto y un mensaje claro para todos.

Los aplausos estallaron, acompañados de murmullos de quienes ya estaban calculando cómo sacar ventaja.

El anciano miró a su nieta con firmeza y cariño:

—¡Mila! ¡Desde hoy, ocupas tu lugar como la señorita de la familia Quiroz! Y de ahora en adelante...

Su tono se elevó bruscamente, y su mirada afilada barrió a los invitados en las mesas del fondo.

—¡Cualquiera que se atreva a ofenderte, dímelo de inmediato! ¡A este viejo todavía le quedan fuerzas para protegerte!

—Gracias, abuelo —Mila respondió con una sonrisa tranquila. Su confianza innata era tan apabullante que no necesitaba fingir para brillar.

Dio un paso al frente con suma elegancia y tomó el micrófono.

Sin que tuviera que pedirlo, el murmullo de la sala se apagó por completo.

Todos los ojos se clavaron en ella.

—Fueron muchos años lejos... —su voz era clara, sin rastro de victimismo, como quien relata un hecho cualquiera—, pero mis raíces nunca se cortaron. Es un honor volver hoy a mi hogar, gracias al amor de mi abuelo.

Inclinó la cabeza levemente, con una elegancia que no se rebajaba ante nadie.

Capítulo 36 1

Capítulo 36 2

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