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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1122

Cristian sostuvo la intensa y oscura mirada de Gabriel a través de sus lentes y respondió con un tono sereno y calculador:

—No tienes que estar a la defensiva conmigo, doctor Loyola. No somos enemigos. He asignado personal exclusivo para que atienda y cuide de Esmeralda; no correrá ningún peligro. David se llevó a mi gente, así que yo me llevé a Esmeralda. Es justo, ¿no lo crees?

—No me importan los problemas que tengan entre ustedes —replicó Gabriel con dureza—. Pero le sugiero encarecidamente que garantice la integridad de Esmeralda, señor Quintana.

Cristian esbozó una leve y cínica sonrisa.

—Semejante devoción no debería ser desperdiciada. Ya que no confías en mí, podrías ir a cuidarla tú mismo. Después de todo, está embarazada y no me conviene en absoluto que le pase algo malo. Eso no me traería ningún beneficio.

»Aunque, a juzgar por la situación, parece que David no lo sabe. Si ella decidió ocultarle su embarazo, es obvio que, en el fondo, no desea estar con él.

Gabriel frunció el ceño; su rostro se volvió aún más sombrío.

Cristian se marchó del Pabellón del Arce justo después de recibir una llamada desde la Mansión Quintana.

Gabriel se quedó a solas en la habitación privada. Extendió la mano, levantó su taza de té y dio un sorbo. Mientras inclinaba ligeramente la cabeza, una pequeña sombra cubrió sus ojos, ocultando por completo lo que estaba pasando por su mente.

Mansión Quintana.

Bajo el manto de la noche, toda la propiedad irradiaba un silencio absoluto, casi sepulcral. Las únicas luces encendidas provenían del edificio principal.

Don Ramiro Quintana tenía dos hijos y una hija. Su hijo mayor, el padre de Cristian y Cintia, había fallecido junto a su esposa en un trágico accidente años atrás.

Su segundo hijo había contraído una grave enfermedad en su juventud que lo dejó estéril. Su esposa jamás lo abandonó, y terminaron adoptando al hijo de una rama secundaria de la familia. Sin embargo, cuando el joven creció, su ambición se desbordó: conspiró con sus padres biológicos para arrebatarle el poder a Cristian. Al final, Cristian aplastó su rebelión y lo envió directamente a la cárcel.

Ese golpe destrozó el ánimo del matrimonio, quienes desde entonces se desentendieron por completo de los asuntos internos de la familia.

Por su parte, la hija menor se había casado y mudado al extranjero con la familia de su esposo.

En la actualidad, Cristian controlaba la totalidad de la familia Quintana con mano de hierro. Sin embargo, las ramas secundarias eran numerosas y estaban al acecho, devorando gran parte de los beneficios de la familia. Cristian estaba decidido a ejecutar reformas para erradicar a esos viejos parásitos, pero sabía que la tarea no sería nada fácil.

En la sala de estar.

David y Don Ramiro estaban sentados frente a frente.

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