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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1124

Tras decir eso, se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia el interior.

David entrecerró sus oscuros ojos, clavando la mirada en su espalda por unos segundos antes de subir a su auto.

Cristian regresó a la sala de estar.

Don Ramiro lo observó fijamente hasta que el hombre tomó asiento en el sofá, y luego le preguntó sin rodeos:

—Habla. ¿Qué está pasando realmente?

—Él fue quien rompió las reglas primero. Que no me culpe por devolverle el golpe —respondió Cristian con total frialdad.

El rostro de Don Ramiro se ensombreció. Tras un pesado suspiro, solo le dio un consejo:

—No rompas lazos de manera definitiva con la familia Montes.

Al comparar su linaje con el poder de familias como los Montes o la familia Mondragón, no podía evitar sentir una profunda amargura. Si el padre de Cristian no hubiese muerto en aquel accidente, la familia Quintana no se encontraría en una situación tan precaria y solitaria.

Cuando él pasara a mejor vida, dudaba siquiera que hubiera suficientes personas leales para cargar su ataúd.

—Sé lo que hago —le aseguró Cristian.

Don Ramiro no insistió más.

Cristian lo ayudó a levantarse y lo acompañó a su habitación para que descansara.

En su camino de regreso, David recibió una llamada de Doña Antonella. Primero llamó a Isa para avisarle y luego cambió el rumbo hacia la antigua mansión de su familia.

Doña Antonella lo estaba esperando en la sala de estar. Al verlo entrar, lo saludó de inmediato.

—Ven, siéntate.

David avanzó y tomó asiento frente a ella.

La anciana empezó con una charla trivial.

—¿Has tenido mucho trabajo últimamente?

—Bastante, abuela. ¿Qué sucede? ¿Necesitas algo?

Doña Antonella decidió ir directo al grano.

—He escuchado algunos rumores sobre los Quintana. David, esos son asuntos internos de ellos. Te pido que no te involucres demasiado.

Desde hacía tiempo, ella había dejado de interferir en las decisiones empresariales de David o Marcelo.

Sin embargo, tras el accidente que casi le cuesta la vida a David y la dolorosa muerte de su esposo, sumado al peso de sus años, se había dado cuenta de que la vida era frágil. Ahora valoraba la paz familiar por encima de cualquier ganancia.

Don Ramiro acababa de llamarla por teléfono.

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