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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1125

—Más le vale —soltó David con una risa gélida y cortante.

Terminó la llamada de golpe. Justo en ese instante, una nueva llamada entró en su celular. Contestó de inmediato:

—¡Habla!

La voz al otro lado temblaba de miedo.

—S-señor Montes... aún no hemos logrado encontrar el paradero de la señora.

El rostro de David se volvió un témpano de hielo, aunque era un resultado que ya había previsto.

—Sigan buscando.

—Sí, señor.

Cortó la comunicación.

Las perfectas facciones del hombre parecían cubiertas por una densa capa de escarcha. Al recordar las palabras que Cristian le había lanzado esa tarde, su expresión se volvió aún más lúgubre.

De regreso en Lomas del Valle.

Viola estaba en la sala jugando a las damas chinas con la pequeña Isa.

Al escuchar que la puerta se abría, Isa levantó la mirada y corrió hacia él.

—¡Papá!

David avanzó hacia ella.

—Papá, ¿mamá tiene mucho trabajo? —preguntó la niña.

Isa sabía que su mamá no estaría en casa esa noche. Al salir de la escuela y terminar sus tareas, la había llamado varias veces, pero como el celular mandaba a buzón, decidió llamar a su papá.

David la tranquilizó con dulzura, inventando que Esmeralda estaba muy ocupada y que por ahora no podía contestar el teléfono.

La tomó en brazos y le habló con suavidad.

—Cuando mamá regrese te lo contará todo. Por estos días, hay que dejarla trabajar, ¿de acuerdo?

La pequeña lo miró con evidente sospecha.

—Ustedes dos no se pelearon, ¿verdad?

David le acarició la cabecita.

—No nos hemos peleado. En un par de días terminará sus pendientes y volverá a casa.

Al escuchar el tono seguro de su padre, Isa se sintió por fin aliviada.

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